sábado, 30 de octubre de 2010

HASTA SIEMPRE COMPAÑERO

de Carlos Alberto Palaia, el miércoles, 27 de octubre de 2010 a las 14:09
No voy a negar que en este momento estoy llorando. Lo recuerdo vívidamente cuando el 25 de mayo de 2003 llegó a la Casa Rosada y que con sus modos desacartonados y desafiantes al protocolo nos invitaba a soñar, a que nos animáramos a mirar hacia adelante y a salir del infierno. No voy a olvidar de la curita tapándole el tajo en la frente, ese golpe que seguramente no le dolía porque estaba recibiendo el calor del pueblo en ese abrazo peronista, cargado de optimismo, aferrándose a ese futuro que ya comenzaba a escribirse.
Poco a poco fuímos acostumbrándonos a ese presidente que cumplía con uno de sus principales principios declamados: ante las dificultades hay que estar cerca del pueblo. Pero más rápido presenciamos su decisión de reparar a los marginados, a los excuídos, a los discriminados. Así fue entonces que las provincias marginadas dejaron de serlo porque las ayudas comenzaron a llegar, de todas formas. Así fue que los grupos sociales del margen, del borde, pasaron casi al centro, él entendió que el país comenzaba a reconstruírse con ellos adentro. Así fue que los estafados por el capitalismo salvaje, aquellos a los que se les había robado hasta la posibilidad de jubilarse pudieron entrar al sistema nuevamente.´
Más rápido de lo pensado lo tuvimos impulsando los juicios contra los genocidas y el deseo de ni olvido, ni perdón, dejó de serlo para materializarse, para concretarse y nos permitió ver a los asesinos, violadores, ladrones de bebés, transitando los pasillos de los tribunales y ocupando las cárceles comunes. También pudimos compartir con él la materialización de los derechos humanos de ahora, los derechos humanos ya. Esos tan declamados, pero tan olvidados. Así entonces comenzó al respeto en serio hacia lo diverso, así entonces comenzamos a abrir brechas para andar en la Argentina diversa.
Fuímos acostumbrándonos a ese presidente que llegó de golpe y con poquito, pero que con el trabajo diario demostró que su convicción del "pesito  con pesito se hace un montoncito" no era para nada descabellada. Así con el pesito con pesito fue saldándose la deuda social, la deuda económica interna, y después con los malos del FMI porque él la tenía clara, pagarles a los usureros para que los usureros no se te metieran en la vida de los argentinos.
Nos enseñó cómo se construye políticamente. Nos enseñó que a los poderosos de afuera y de adentro hay que decirles las cosas en la cara y de cara al pueblo, ponerlos en evidencia, hacerles saber que el poder político es el que manda. Él, con el ejemplo, con el trabajo diario, nos mostró que la política es la vía por la que pueden solucionarse cosas. La política como práctica es la que nos reconcilia con la sociedad, con el colectivo, la que construye futuro.
Ese hombre peleón, retobado. Ese hombre con el caudal léxico del hombre medio, ni tan rico ni tan pobre, pero capaz con ese caudal de resumir con precisión quirúrgica el malestar de los poderososo con frases como: "te conozco..." (a Cotto en la pulseada por los precios) o el ya registrado "¿qué te pasa, Clarín...estás nervioso? (al grupo Clarín cuando se avizoraba la ley de medios). El presidente con la ironía propia del hombre de la calle y del estratega político.
Ese hombre que vino del frío no dudó  en ayudar a aumentar la temperatura en el continente impulsando la Unasur; fortaleciendo los lazos con Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Uruguay, Paraguay y Brasil. Él entendió que el sur unido era la mejor voz para que los del norte, los yanqui y sus socios pudieran escuchar.
Y así anduvimos de la mano de de este presidente, de este líder. De este pingüino que supo extender sus alas para abrazar a los negros, a los indios, a los gringos, a los niños, a los viejos, a las mujeres, a los hombres, a los heterosexuales, a los bisexuales, a los homosexuales, a todos. Ese presidente que nos convidó a mirar con otros ojos el arco iris de la diversidad.
Ya no está con nosotros, ya no los vamos a ver en los actos, con sus ojos entrecerrados, sus labios finos apretados cuando estaba disgustado. Ya no vamos a volver a ver al presidente que dijo vamos por una Justicia independiente y propuso una renovación de la Corte, la misma Corte con la a veces se enojaba, pero de la que no renegaba.
Ya no está el compañero que con sus acciones y medidas de gobierno concretó parte de aquello con lo que parte de mi generación y yo soñamos; muchas de aquellas cosas soñadas por las generaciones anteriores; y muchas de las que comenzaron a palpar las nuevas generaciones. Por eso es que ahora la misión es continuar con el trabajo, profundizar el modelo, acompañar a nuestra presidenta y respaldarla.
Compañero Néstor, no buscaste el bronce. Compañero Néstor cumpliste con tu deber cuando millones de argentinos te pedimos que lo hiciese y nunca pasaste factura, eso también es una enseñanza. Compañero Néstor gracias por haber estado en el momento en que la historia requirió a alguien como vos. Compañero Néstor gracias por haber pasado por nuestras vida. Hasta siempre compañero.

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