sábado, 27 de noviembre de 2010

La generación de Néstor Kirchner

Por Alejandro Horowicz - http://www.elargentino.com/Content.aspx?Id=115730

 La sociedad argentina recuperó la política.

La generación de Néstor Kirchner, que también es la mía, contabilizó los avatares de la historia nacional con bajas personales. La muerte de un militante es siempre una baja irreparable, pero pocas veces la palabra irreparable esta tan cargada de sentido pleno. Y no se trata de coincidir con el ex presidente, sino de un problema histórico superior. La derrota de mi generación no sólo fue terrible para sus integrantes, que no es poco decir; además resultó catastrófica para la sociedad argentina. Abrió el curso para un rango de decadencia que no se mide en unidades del Producto Bruto Interno. 

La voluntad de construir un horizonte colectivo, una patria inclusiva, fue aplastada. El horizonte country se fue instalando mediante aproximaciones sucesivas, hasta que los únicos problemas realmente existentes terminaron siendo los propios. Y sólo si los ajenos coinciden con los propios son problemas, de lo contrario, son un incordio al que se debe poner fin con “tolerancia cero”.
 
Los disvalores que el presidente Carlos Saúl Menem sintetizara con su nombre son producto directo de las derrotas que la reacción oligárquica nos infligió desde 1975 hasta 2001; las pagamos entonces y las seguimos pagando ahora. Una clase dominante que no es una clase dirigente transformó la política en la continuación de los negocios, de sus negocios, por otros medios. Y en defensa de “sus negocios” destrozó el Estado de Bienestar, que en Sudamérica se llamó peronismo. La larga noche neoliberal cargada de fulgores sintéticos ahogó la política, y los políticos se volvieron una pesadilla insoportable. Tanto que la compacta mayoría sostuvo: “que se vayan todos”. 

No se fueron, y sin embargo algo cambió, y en ese algo construye la diferencia Kirchner. 
En 1975 todos sabían que el Código Penal no estaba vigente; primero las bandas de la Triple A, y luego las FF AA, lo dejaron en claro. En el ’76 comenzó la cacería de militantes, y las muertes de René Salamanca y Agustín Tosco –para citar dos nombres emblemáticos que nada tuvieron que ver con la acción guerrillera– nos hizo saber qué se proponían: terminar con las conquistas obreras, ilegalizar el derecho popular de participar y orientar la lucha política, destruir la voluntad moral de transformar la sociedad argentina. Y, debemos admitirlo: casi lo logran. 

Un instrumento, el botín de guerra, permitía robarse todo. Perder la capacidad de réplica era perderlo todo, y “todo” no era una metáfora. La legalidad se redujo a la ley del más fuerte, y las diferencias –cualquier diferencia– se pagaba con la muerte. La dictadura burguesa terrorista no sólo exterminó toda forma de oposición dinámica –armada o desarmada– sino que desconoció toda forma de oposición legal. Construyó un Código Penal con delito único. Cuando concluyó el mandato del general Bignone, la impunidad estaba instalada en todos los ámbitos para los poderosos, y contó con suficiente respaldo para ser garantizada hasta el estallido de 2001. 

Asegurar la impunidad rompió la ley, quebrando la relación entre los delitos y las penas. Por tanto, hizo lo que hubiera hecho un grupo de tareas, que siempre había estado “combatiendo” al “enemigo subversivo”. E hiciera lo que hiciera un piquetero, siempre estaba poniendo en riesgo la convivencia social. 

El gesto de Néstor Kirchner al descolgar el cuadro de Videla, acompañado por la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, restableció la capacidad significante del lenguaje político. El hilo que vincula los delitos y las penas, la relación entre las palabras y las cosas, entre la política y la sociedad, comenzó a retejerse. Vale decir, se reconstruyó la posibilidad de la diferencia, y por tanto, se restauraron las condiciones materiales del debate. La masa de terror que gobernó durante décadas en la escena política nacional comenzó a ser recesiva. 

Por cierto, no fue lo único que hizo Kirchner, pero si no hubiera hecho nada más, ya habría construido la diferencia. Antes sólo existía la lógica política heredada de la dictadura terrorista, y ahora existe la posibilidad de debatir, de construir una nueva dirección. La sociedad argentina recuperó la política. Y esa diferencia tiene un nombre propio: Néstor Kirchner. 

viernes, 26 de noviembre de 2010

¡Te voy a quemar viva!

Por Eva Giberti - http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/subnotas/157497-50493-2010-11-25.html


La amenaza comienza a reiterarse. Lo advierten las profesionales que atienden los llamados al Centro de Llamadas que responde al número 137 del Programa Las Víctimas contra las Violencias dependiente del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos.
Al escuchar la angustiada voz de la joven mujer que reclamaba atención, las operadoras registraron que distintas mujeres habían repetido el llamado con la misma amenaza. La Brigada Móvil contra la Violencia familiar concurrió para asistirlas. No obstante, el riesgo se mantiene latente. En particular si la mujer sostiene su relación con el sujeto esperando que “él cambie”. Porque “quizá lo dijo en un mal momento”. Neutralizar estas amenazas mediante racionalizaciones ingenuas –debido al interés amoroso hacia esa persona– puede desembocar en un ataque concreto. Es probable que el responsable, si es acusado, niegue haberlo dicho o que, en caso de encontrar testigos de esa amenaza, insista en afirmar “¡Estaba jugando! Lo dije en broma”. De manera que prioritariamente contamos con el testimonio de quien fue amenazada.

¿Familiar o doméstica?

¿Se trata de violencia familiar o doméstica? ¿Y si el sujeto no es miembro de la familia de la mujer amenazada? Cualquiera sea su posición en relación con ella, esta amenaza está incluida en los contenidos de las leyes.
Es pertinente revisar las expresiones violencia familiar y violencia doméstica, ya que ambas seleccionan un segmento de víctimas que encubre y silencia el tema clave: la violencia contra las mujeres.
Si se presentara ante el Poder Legislativo un proyecto de ley que se refiriese a este tema llamándolo por su nombre, violencia contra las mujeres, ¿sería fácilmente aprobado? Es un interrogante que merece ser considerado. Pero si se menciona al género –hablando de violencia de género– el reconocimiento de estas violencias no tergiversa su contenido esencial. Hablar de violencia de género supone (estadísticamente) que se trata de violencia contra las mujeres. Aceptado este planteo, ¿cuál es el problema si nos referimos a violencia doméstica y/o familiar?
Las expresiones que focalizan una particular índole de víctimas, porque es necesario distinguirlas para responsabilizarse por ellas y solicitar la sanción a sus agresores, generan un recorte: se instituyen en “mujeres golpeadas”, o en “víctimas de violencia”. Se instalan como “aquellas” a las que les sucedió –o les sucede– algo terrible y a las que es preciso ayudar. Conclusión certera e indiscutible.
Si refinamos el análisis de estas dos expresiones, precisamos alertarnos y no distraernos pensando que violencia familiar o doméstica es otro fenómeno propio de “la violencia” que siempre existió. Cuando en realidad se trata, específicamente, de violencia contra las mujeres.
Quienes sostienen que “violencia hubo siempre” proponen neutralizar esta especificidad al desconocer que los hechos violentos contra las mujeres construyen historia, como lo evidencian las narrativas que, mediante el lenguaje, incorporan herramientas para amenazar, dañar y matar. El incremento de la actual amenaza “Te voy a rociar con nafta y voy a prender fuego” o “te voy a quemar viva” son verbalizaciones que si bien no constituyen inventos propios de la época –ya que el fenómeno existió previamente– la aplicación de esas frases adquirió actualidad merced a las últimas historias conocidas. Enriqueció el imaginario social con la incorporación del fuego como colaborador del ataque contra las mujeres. Enriquecimiento que se postula a sí mismo como más refinado debido a las huellas que puede dejar en la sobreviviente, además del espantoso dolor que las quemaduras generan.
Dentro del campo de las violencias familiares o domésticas (cualquiera de las dos expresiones es semánticamente discutible), haber incorporado esta nueva amenaza, que comprobadamente se reitera, alerta acerca de la premeditación que se pone en juego: ha sido preciso pensar en el líquido que podría utilizarse, tener cerca el fósforo o el encendedor y seleccionar la ocasión. También fantasear con los resultados del hecho: “la dejo marcada para siempre”. O bien “la mato”.

La historia y la narrativa

Esta índole de crueldades forma parte de la historia de los actos violentos protagonizados por el género masculino, mientras que la verbalización de lo que “se va a hacer” o ya se llevó a cabo aparece como un nuevo estilo, propio de las narrativas que caracterizan los ataques a las mujeres. La descripción se instituye como narrativa histórica que enuncia o interpreta lo que se narra. Por ejemplo, la milonga que canta “Si no te rompo de un tortazo es por no pegarte en la calle” representa una ideología masculina muy cuidadosa, ya que advierte que para pegar es mejor que no haya testigos. Se sigue pegando, preferentemente dentro de los domicilios (el domus de los latinos) y en familia, familiar y doméstica.
La inclusión de la amenaza por el fuego se actualizó como extensión de hechos cercanos publicitados por los medios, o sea, dependiente de la época.
La violencia que suscita la amenaza del fuego y su posterior puesta en acto reproduce el tiempo de las mujeres quemadas en las hogueras de la Inquisición, incorpora el terror previo de quien se imagina a sí misma envuelta por las llamas. Tiende a historizar en el pensamiento y las sensaciones de la víctima un suceso anticipado que conduce a la mujer a su propia imagen como una persona inerme. Ella no podrá hacer cosa alguna, paralizada por el espanto y el triunfo de la combustión. Lo cual es diferente de la amenaza del golpe.
Recortar este sector de las víctimas de violencia familiar o doméstica –por razones comprensibles y necesarias– arriesga descuidar la concepción de las violencias contra las mujeres que nos involucra a todas. Aunque “a mí nunca me violentaron”, como sostienen algunas congéneres, absolutamente desprendidas de su propia realidad como integrante de las culturas patriarcales y sexistas que nos regulan la cotidianidad.
Asistimos al surgimiento de una “moda” en las políticas de las amenazas contra las mujeres que se articulan con el estudio de las narrativas derivadas de distintas formas de violencia actualizadas por los medios de comunicación según las posibilidades de la época.
Estos sujetos amenazantes a veces, asesinos en oportunidades, han aprendido cómo ejercer otra forma de poder verbal. Alcanza con escucharlos una vez, habitualmente precedido por golpes, para comprender que un asesino potencial disfruta al escucharse a sí mismo. Quizá decida cerrar el circuito para escuchar los gritos de su víctima. Esta “moda” transparentó una dimensión de la violencia masculina hasta ahora escasamente ejercida. Ahora logró su plenitud.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

La tríada golpista ya no es tan poderosa

http://www.cubadebate.cu/opinion/2010/11/23/la-triada-golpista-ya-no-es-tan-poderosa/
La repudiada triada oligarquía-militares-embajada americana que por tanto tiempo ha ejercido dominio sobre las naciones de Latinoamérica luego de haber conquistado éstas su independencia de España hace dos siglos, no ha cesado como realidad ni como inminente peligro en este hemisferio; pero ya no es invencible.
El golpismo tiene hondas raíces, tanto en Latinoamericana como en la política de dominación hemisférica de Estados Unidos.
Juega un papel sobresaliente en la cadena de intervenciones y agresiones de Estados Unidos contra América Latina y el Caribe que comenzó en 1822 cuando Washington decretó que la región era su esfera de influencia. Tal ambición quedo plasmada en la Doctrina Monroe, promulgada en 1823, según la cual las naciones que emergían a la independencia en Hispanoamérica serían territorio vedado a los apetitos imperiales europeos y espacio natural de influencia estadounidense.
Poco después enunciaron el principio del Destino Manifiesto y lanzaron la guerra de 1848 contra México, al que despojaron de los territorios de los actuales estados de California y Nuevo México.
En 1898, la voladura del acorazado estadounidense Maine en puerto habanero -acción considerada por muchos historiadores una autoagresión -,  fue el pretexto para entrar en guerra contra España, con la vista puesta en la conquista de sus territorios coloniales remanentes: Filipinas, Hawái, Puerto Rico y Cuba.
En el curso de las siguientes tres décadas, Estados Unidos invadió treinta y cuatro veces a los países de la cuenca del Caribe y ocupó a México, Honduras, Guatemala, Costa Rica, Haití, Cuba,  Nicaragua, Panamá y República Dominicana. La fuerte competencia británica, por su presencia comercial, financiera y de infraestructura, impidió a Washington extender entonces su penetración imperial a América del Sur.
Al llegar a la Casa Blanca Franklin Delano Roosevelt a inicios de la década de los años treinta, en medio de una muy profunda depresión económica, con el prestigio estadounidense afectado por su sucia campaña contra Augusto Cesar Sandino en Nicaragua y con un fuerte movimiento nacionalista latinoamericano incitado por la Revolución Mexicana, Estados Unidos proclamó la “política del buen vecino”.
Washington anunció una estrategia de no intervención en Latinoamérica y retiró las fuerzas de ocupación en el Caribe.
Al concluir la II Guerra Mundial con Estados Unidos como su máximo beneficiario frente a la enorme devastación que dejó tanto en el resto de los vencedores como en los vencidos, se inició la Guerra Fría, que conformó un mundo bipolar con América Latina como retaguardia de la superpotencia norteamericana.
Sobrevino entonces un período en el que América Latina se debatió entre la obediencia y la rebeldía reprimida con invasiones o acciones intervencionistas militares directas o encubiertas contra Guatemala (1954, 1966-67), Panamá (1958, 1964, 1989), Cuba (1961, 1962), República Dominicana (1965-66), Chile (1973), El Salvador (1981-92), Granada (1983-84), Honduras (1984), Bolivia (1986), Nicaragua (1981-90) y Haití (1994).
Luego vendría una guerra secreta contra el independentismo  que se extendía por  la región.  La Operación Cóndor fue un vasto operativo de inteligencia y coordinación de los servicios de seguridad de los regímenes militares en Argentina, Chile, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia impulsado y patrocinado por la CIA.
Cóndor constituyó, de hecho, una organización clandestina internacional para practicar el terrorismo de Estado contra los movimientos populares de Latinoamérica. En casi todos los países suramericanos, dejó miles de asesinatos, torturados, desaparecidos y otras fechorías ejecutadas por intermedio de las fuerzas militares locales, entrenadas y orientadas por  asesores estadounidenses.
Cuando, finalizada la Guerra Fría, el Consenso de Washington decretó la sustitución de la dominación autoritaria por la hegemonía económica, se planteó dentro de la superpotencia una confrontación entre una corriente que pretendía imponerse mediante sutilezas en el terreno económico y otra que exigía el ejercicio del poder imperial sin equívocos ni consentimientos.
De ahí que no cesaran los métodos violentos para derrocar a los desobedientes. Tentativas golpistas han habido en Venezuela (2002), Bolivia (2008), Honduras (2009) y Ecuador (2010). Todas contra países que viven procesos de transformación económica y social con fuerte apoyo popular, unidos por su integración al ALBA.
Solo que, a diferencia de los tradicionales golpes de la triada que solo hallaban resistencia más o menos dispersa de núcleos de obreros, campesinos y estudiantes desarmados que pagaban con sus vidas la osadía o resultaban apresados, golpeados y torturados, ahora han encontrado pueblos alertas y con un mayor nivel de organización para la auto-defensa. Solo en Honduras el imperio logró sus fines y, aún allí, no ha podido obtener un reconocimiento pleno de los golpistas y ha debido soportar un alto costo político.
Nadie puede dudar que América Latina haya cambiado. Ya la triada oligárquico-militar-hegemónica no parece tan poderosa ni tan omnipresente… y los pueblos mas alertas para la defensa de sus soberanías.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Kirchner se animó a transitar caminos que nadie se atrevió a transitar

Por Alejandro Dolina - http://www.telam.com.ar/vernota.php?tipo=N&idPub=204057&id=387516&dis=1&sec=1 


El peronismo ha sido muchas veces actor principal de acuerdos y concertaciones políticas. Hay, por otra parte, un arsenal de pensamientos burgueses que garantizan la conveniencia de buscar coincidencias.


Algunos llegan a decir que en realidad, todos deseamos lo mismo y que discrepamos acerca de las metodologías.

Se ha llegado a sostener que las ideologías habían muerto y que bastaba con elegir buenos administradores para que gobernaran.

Todo esto viene acompañado con un continuo elogio de las buenas maneras en las discusiones políticas y aún en los conflictos sociales.

A cada momento se nos propone a nuestra admiración la conducta de príncipes sonrientes o de antagonistas que se dispensan elogios mutuos durante las negociaciones.

Estas escasas palabras servirán primero para saludar todas estas ideas que acabo de exponer.

¿Quién soy yo para no ovacionarlas de pie? Pero también, y como humilde despacho en disidencia, propongo un tímido elogio del desacuerdo, de la bifurcación, de la heterodoxia, de la herejía.

Después de todo, las revoluciones surgen sólo de desacuerdos: el hombre es un mono disidente.

Me permito entonces, subrayar la acción política de Néstor Kirchner como venturoso gestor de desacuerdos. El se atrevió a recorrer caminos que nadie se atrevía a transitar y que parecían alejarse de las concurridas avenidas centrales que recomendaban los poderosos del mundo global. Y se metió por unas calles ya olvidadas cuyos nombres sólo se pronunciaban en los foros estudiantiles, en las reuniones de soñadores y en rincones que siempre estaban alejados del poder político.

Esas calles de desacuerdo ahora pueden reconocerse: una conduce al crecimiento del mercado interno... Otra al control del comercio exterior... Está bien el boulevard de la intervención del Estado o la esquina de la ley de medios, la plaza de la asignación por hijo y los veredones del desendeudamiento. Algunas de estas calles habían sido recorridas por otro señor en 1946.

Cuando alguien del poder político se atreve a caminar estos senderos termina por llegar a un distrito donde el poder político no está en el mismo lugar que el poder económico. Y la bifurcación se produce y son inevitables los ataques de las corporaciones y de los poderosos que tratarán de conseguir el regreso de los gobernantes tránsfugas hacia las avenidas iluminadas de sus intereses.

Hace muchos años hubo por televisión un debate entre el doctor Teodoro Bronzini, líder socialista e intendente de Mar del Plata, y el doctor Becar Varela que militaba en el partido que entonces tenía al menos el coraje de admitirse como conservador.

Fue una conversación muy amable y el moderador se sorprendió al fin del programa de que hubieran coincidido en tantas cosas. En realidad, no era sorprendente, ambos políticos formaban parte de una visión liberal del mundo y eran funcionales a los intereses de las corporaciones. ¿Cómo no van a ser amables si en el fondo pensaban lo mismo? Néstor Kirchner no les parecía amable a las corporaciones. En verdad, ningún otro presidente salvo aquel otro señor de 1946, les pareció tan desagradable. Y lo atacaron como a nadie ¿Por qué? No porque Kirchner tuviese mal carácter y fuera confrontativo como quien es cascarrabias.

No se trataba de una cuestión de carácter: este tipo había tocado sus intereses. Y fue el único que lo hizo. Todos los demás parecían aceptables en algún momento porque también en algún momento eran funcionales a los intereses del poder económico.

Y eso es todo lo que quería decir, a veces no hay más remedio que disentir, que persistir en el desacuerdo. Hoy casi por única vez en nuestra historia, el poder político no está donde está el poder económico.

Y este hombre que ahora se ha ido produjo un último acto de `insujeción`. Su muerte encendió la luz, y como en un refusilo vimos algo que la cerrazón de los medios había ocultado en la oscuridad: las calles laterales, las que no recomendaban los poderosos, estaban llenas de gente.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Día de la Soberanía Nacional


El 13 de enero de 1845 en París, noche nevosa según el testimonio de uno de los presentes, François Guizot, primer ministro de Luis Felipe, rey de los franceses, reúne a cenar en el Ministerio de Relaciones Exteriores a los técnicos del Plata que se encontraban en la capital de Francia. De dicho ágape surgirá la intervención armada anglofrancesa, y su posible colaboración brasileña en los asuntos internos de las repúblicas sudamericanas. Concurren el embajador de Inglaterra Lord Cowley, sir George Ouseley, que partiría al Plata llevando la intimación a Rosas, Mr. De Lurde hasta entonces Encargado de Negocios francés en Buenos Aires, el almirante Mackau, ministro de Marina, y que conociera a Rosas en 1840 cuando fue a llevarle la paz por instrucciones de Thiers, Mr. Desages director general del Ministerio, y el vizconde de Abrantés en misión especial de Brasil para acoplarse a la proyectada expedición.

Los Antecedentes de la Intervención
Desde 1842 andábase en ese negocio. Francia había fracasado en su intento de imponerse por la fuerza de sus cañones y de su dinero “que sembró la guerra civil” a la Confederación Argentina gobernada por un hombre del carácter férreo de Rosas. Hacia 1842 la política de la `entente cordiale` de Inglaterra y Francia hizo renacer la posibilidad de una nueva intervención, esta vez combinadas las fuerzas militares de ambas naciones: no era admisible que los pequeños países surgidos de la herencia española obraran como si fueran Estados en uso pleno de su soberanía y se negaran a recibir los beneficios “libertad de comercio, tutelaje internacional, libertad de sus ríos navegables” de las "naciones comerciales". Había que hacer, en primer lugar, de la ciudad de Montevideo una factoría comercial, de propiedad común anglofrancesa, desde donde dominar la cuenca del Plata después, establecer la ley de los mares “es decir, su libre navegación” a los ríos interiores argentinos, y finalmente dividir en mayores fragmentos esa Confederación Argentina que Rosas se había empeñado en mantener incólume del naufragio del antiguo y extenso virreinato del Plata. De allí la nota conjunta que los ministros inglés y francés en Buenos Aires (Mandeville y De Purde) habían pasado a Rosas apenas producida la batalla de Arroyo Grande. Diciembre de 1842: prohibíase ayudar a Oribe a recuperar su gobierno oriental y se amenazaba con tomar las medidas consiguientes si los soldados argentinos atravesaban el Uruguay en unión con los orientales para expulsar las legiones extranjeras que mantenían a Montevideo. Pero Rosas quedó sordo a la amenazas: contestó poco más o menos que en las cosas argentinas y orientales mandaban solamente los argentinos y los orientales. Consecuente con su respuesta el ejército aliado de Oribe, atravesó el Uruguay, y en febrero de 1843 empezó el sitio de Montevideo, defendida por las legiones extranjeras y por el almirante inglés Purvis. En febrero de 1843 esperábase por momentos la intervención conjunta amenazada por la nota de Mandeville y De Lurde que Rosas había osado desafiar. Pero no llegaba. Es que 1843 no había sido un año propicio para la entente cordiale, amenazada de quebrarse por la cuestión del matrimonio de la joven reina de España.
La misión del argentino Florencio Varela
De allí el desdichado fracaso del abogado argentino Florencio Varela, enviado a Londres en agosto de 1843 por el gobierno de la Defensa de Montevideo a indicación del almirante inglés Purvis. Llevó instrucciones para convencer al canciller Aberdeen de que la "causa de la humanidad" reclamaba la inmediata presencia de la escuadra británica en el Plata. Gestionaría también la "tutela permanente" inglesa a fin de salvar al Plata en adelante de la barbarie nativa. Intervención y tutela retribuidas “lo decían las instrucciones” con la libertad absoluta de comercio y la libre navegación de los ríos. Para cumplir mejor su cometido y documentar la "causa de la civilización", la casa inglesa Lafone confeccionó en Montevideo un record de los actos de barbarie que convenía atribuir a Rosas. El periodista argentino José Rivera Indarte, ducho para esos menesteres, recibió el encargo de redactar el record abultándolo de manera que impresionara en Europa: se le pagó un penique por cadáver atribuido a Rosas. Confeccionó Las tablas de sangre, que por dificultades de impresión no estarían listas en el momento de embarcarse Varela, pero le llegarían a Londres a los fines de su misión. Aberdeen recibió a Varela. El trato no fue el esperado por el argentino. No obstante traducirle Las tablas de sangre, el inglés no pareció emocionarse con los horrores recopilados por Rivera Indarte; tampoco tomó en serio "la tutela permanente" ni las cosas que le ofrecía el ex argentino. Le contestará fríamente que Inglaterra defenderá la "causa de la humanidad" dónde y cómo lo creyera conveniente, sin menester de promotores ni alicientes, y se le importaba un ardite cuanto pudieran ofrecerle los nativos auxiliares. Inglaterra haría y tomaría lo que más le conviniese, sin otro acuerdo que "con las grandes naciones comerciales" asociadas a la empresa. Varela no entiende; nunca entendió nada de la política americana ni de la europea. No comprende ese desprecio hacia "su gobierno" tan favorable a Inglaterra, ni que se hiciera caso omiso de sus tentadoras ofertas; jamás tuvo conciencia de su posición ni sentido de las distancias. Váse de Europa “después de una gira por París, donde tuvieron mayor éxito las Tablas de sangre” mohino y decepcionado de los "poderes civilizadores". "La Inglaterra “escribe en su Diario de viaje” no conoce ni sus propios intereses".
La cena de Guizot
En 1844 las cosas mejoraron y la `entente cordiale` pudo reanudarse. Más alerta Brasil que el despistado gobierno de Montevideo, envía entonces su comisionado: el vizconde de Abrantés. Aberdeen lo recibe mejor que a Varela; al fin y al cabo Brasil era un imperio constituido y no un gobierno nominal de ocho cuadras escasas, mantenido a fuerza de subsidios y de legiones. Pero Inglaterra no quiere la participación de Brasil en la empresa a llevarse en el Plata; no le convenía fortalecer ese imperio americano ni darle entrada al Plata. Como Abrantés representaba a un emperador no podía despedirle a empujones, como lo hizo con Varela; lo hará más diplomáticamente, pero lo hará. Tras conversar con Abrantés en Londres (que también ha venido a hablarle "de la causa de la civilización", oyendo del inglés el despropósito de "que la existencia de la esclavitud en Brasil era vergüenza mayor que todos los horrores atribuidos a Rosas por sus enemigos", lo despacha a París. Allí se arreglará la intervención en definitiva y la posible participación de Brasil. Pero eso es la cena de Guizot en el ministerio la noche del 13 de enero de 1845. Muy a la francesa se discutirá la acción en la sobremesa. Y al servirse el café y el coñac, Guizot abre el debate sobre el interrogante ¿Qué propósito y qué medios dar a la intervención? Abrantés no se anima a postular "la causa de la civilización" después de lo ocurrido con Aberdeen. Las Tablas de Sangre podían ser útiles para impresionar al gran público, pero evidentemente no producían efecto en los políticos. Sin embargo, todos son partidarios de pretextar ostensiblemente la "causa de la civilización", pero agregándole las "necesidades de las naciones comerciales", la "independencia de Uruguay, Paraguay y Entre Ríos" que había que preservar de la Confederación Argentina, y la "libre navegación de los ríos" argentinos, orientales, paraguayos y entrerrianos.
En cuanto a Rosas...
Mackau, que lo ha conocido en 1840 hace su elogio: es un patriota insobornable, un político hábil, un gobernante de gran energía y un hombre muy querido por los suyos. Desde luego, es un obstáculo para los planes de la intervención y costaría llevarlo por delante; aunque contra las escuadras combinadas nada podría hacer. De Lurde, que también lo ha conocido en Buenos Aires, se desata en elogios para Rosas: su gobierno ha impuesto el orden donde antes imperaba el desorden; tal vez los argentinos se hubieran acostumbrado a obedecer a una autoridad y pudiera reemplazárselo por otro gobernante más amigo de los europeos, pero la cuestión es que Rosas no cedería a una intervención armada: "se refugiaría en la pampa y desde allí hostilizaría a los puertos". A su juicio la intervención irá a un completo fracaso; mejor era dejar las cosas como estaban y tratar con Rosas de igual a igual "sacándole los beneficios comerciales posibles". Abrantés está de acuerdo, en parte, con De Lurde. Pero no cree que la intervención iría a un completo fracaso. Combinadas Inglaterra, Francia y Brasil, su fuerza sería irresistible; a Rosas podría perseguírselo hasta el fondo de la pampa. Pero, eso sí, deberían emplearse todos los medios para obtener el triunfo. En caso de no emplearse medios eficaces (expedición marítima y fuerzas de desembarco en número aplastante), mejor era olvidarse de una intervención y "no exponerse a la irritación de un hombre como Rosas". Ouseley trae le palabra de Inglaterra. Nada de expediciones de desembarco que por dos veces habían fracasado en Buenos Aires (1806 y 1807). Lo que se buscaba era otra cosa, para lo cual el gobernante argentino carecía de fuerza para oponerse: una gran expedición naval que levantara el sitio de Montevideo, tomara posesión de los ríos, y gestionara y mantuviera la independencia del Uruguay, Entre Ríos y Paraguay. De Montevideo se haría una factoría para las grandes naciones comerciales; de común acuerdo entre las nacionales comerciales y Brasil, se fijarían los límites de los nuevos Estados del Plata. Buenos tratados de comercio, alianza y navegación los unirían con las naciones comerciales. Abrantés se desconcierta ante esa repetición de "las naciones comerciales" que parecerían excluir a Brasil, y pregunta cuál sería la participación del Imperio en la empresa. "El ejército brasileño operaría por tierra concluyendo con Oribe". Abrantés protesta, pues eso sería "recibir solo la animosidad de Rosas, pues las fuerzas de Rosas se manifestarían por tierra, si los tres aliados participaban en común, también en común deberían emplearse".
Cowley corta: Inglaterra no enviará expediciones terrestres
Mackau no quiere la participación de Brasil "que complicaría la cuestión". Ouseley añade que por una fuerte expedición naval podrían cumplirse los objetivos de la intervención: en cuanto a Rosas y su Confederación Argentina, aislados al occidente del Paraná, no podrían oponerse a lo que se hiciera a oriente de este río. Guizot resume las opiniones como final del debate. Se emplearían "solamente medios marítimos", a no ser que Brasil quisiera, usar su ejército de tierra; la acción naval sería suficientemente poderosa para hacer a los aliados dueños de los ríos, del Estado Oriental, de la Mesopotamia y del Paraguay, cuya "independencia se garantizaría". Estos Estados se unirían con sólidos lazos comerciales y de alianza con los interventores. Brasil se retira Abrantés informa esa noche a su gobierno. Ha comprendido que muy diplomáticamente no se quiere la participación brasileña. No solamente Aberdeen le ha exigido la renovación de los leoninos tratados de alianza y de tráfico de esclavatura como previos a la alianza, sino Brasil no obtendría objetivo alguno en la intervención. Todo sería para las naciones comerciales; que fijarían los límites de los nuevos Estados con el Imperio (desde luego, en perjuicio del Imperio), y serían las solas dueñas de las nuevas repúblicas. Brasil vería cortarse para siempre su clásica política de expansión hacia el sur. Además, dejarle la exclusividad de las operaciones terrestres contra Rosas era una manera de obtener el retiro del Imperio, pues Brasil no tomaría exclusivamente semejante responsabilidad. Y dando por terminada su misión se retira de París. Empieza la Intervención Gore Ouseley, portando el ultimátum previo a la intervención, viajó a Buenos Aires. Exigió el retiro de las tropas argentinas sitiadoras de Montevideo, juntamente con las orientales de Oribe y el levantamiento del bloqueo que el almirante Brown hacía de este puerto. Se descartaba su rechazo por Rosas. Poco después llegaba el barón Deffaudis con idéntico propósito en nombre de Francia. Mientras Rosas debate con los diplomáticos el derecho de toda nación, cualquiera fuere su poder o su tamaño para dirigir su política internacional sin tutela foráneas, se presentaron en Montevideo las escuadras de Inglaterra y Francia comandadas respectivamente por los almirantes Inglefield y Lainé. Pendientes aún las negociaciones en Buenos Aires, ambos almirantes se apoderaron de los buquecillos argentinos de Brown que bloqueaban Montevideo, arrojaron al agua, la bandera Argentina y colocaron al tope de ellos la del corsario Garibaldi. Ante ese hecho -ocurrido el 2 de agosto de 1845- Rosas elevó los antecedentes a la Legislatura, que lo autorizó "para resistir la intervención y salvar la integridad de la patria". Ouseley y Deffaudis recibieron pasaportes para salir de Buenos Aires. La guerra había empezado.
Obligado (20 de noviembre)
El 30 de agosto la escuadra aliada íntima rendición a Colonia, que al no ser acatada es desmoronada a cañonazos al día siguiente. Garibaldi, con los barcos argentinos, de los que ahora es dueño, participa en este acto y se destaca en el asalto que siguió. El 5 de septiembre los almirantes se apoderan de Martín García: Garibaldi, con sus propias manos -que más tarde serían esculpidas en bronce en una plaza de Buenos Aires-, arrió la bandera argentina. De allí la escuadra se divide. Los anglofranceses remontan el Paraná, mientras Garibaldi toma por el Uruguay y sus afluentes: el corsario se apodera y saquea Gualeguaychú, Salto, Concordia y otros puntos indefensos, regresando a Montevideo con un enorme botín de guerra. Mientras tanto Hontham y Trehouart navegan el Paraná en demostración de soberanía, y para abrir comunicaciones con su ejército "auxiliar" que, al mando del general Paz, obraba en Corrientes. Pero el 20 de noviembre, al doblar el recodo de Obligado, encuentran una gruesa cadena sostenida por pontones que cerraban el río, al mismo tiempo que baterías de tierra iniciaban el fuego. Es el general Mansilla, que por órdenes de Rosas ha fortificado la Vuelta de Obligado y hará pagar caro su cruce a los interventores. Al divisar los buques extranjeros ha hecho cantar el Himno Nacional a sus tropas y abierto el fuego con sus baterías costeras. Hontham y Trehouart contestan y llueven sobre la escasa guarnición Argentina los proyectiles de los grandes cañones de marina europeos.Siete horas duró el combate, el más heroico de nuestra historia (de las 10 de la mañana a las 5 de la tarde). No se venció, no se podía vencer. Simplemente, quiso darse a los interventores una serena lección de coraje criollo. Se resistió mientras hubo vidas y municiones, pero la enorme superioridad enemiga alcanzó a cortar la cadena y poner fuera de combate las baterías. Bizarro hecho de armas, lo califica Inglefield en su parte, desgraciadamente acompañado por mucha pérdida de vidas de nuestros marinos y desperfectos irreparables en los navíos. Tantas pérdidas han sido debidas "a la obstinación del enemigo", dice el bravo almirante. ¿Se ha triunfado? La escuadra, diezmada y en malas condiciones, llega a Corrientes, y de allí intenta el regreso. En el Quebracho, cerca de San Lorenzo, vuelve a esperarla Mansilla con nuevas baterías aportadas por Rosas. Otra vez un combate, otra vez "una victoria" -el paso fue forzado- con ingentes pérdidas. Desde allí los almirantes resuelven encerrarse en Montevideo; transitar el Paraná es muy peligroso y muy costoso. Se deshace el proyecto de independizar la Mesopotamia gestionado por los interventores en el tratado de Alcarás porque Urquiza ya no se sintió seguro. Se deshace la intervención. Poco después -13 de julio de 1846- Samuel Tomás Hood, con plenos poderes de Inglaterra y Francia, presenta humildemente ante Rosas el "más honorable retiro posible de la intervención conjunta". Que Rosas lo haría pagar en jugoso precio de laureles. Por eso el 20 de noviembre, aniversario del combate de Obligado, es para los argentinos el Día de la Soberanía. Algunos panegiristas de Varela han negado la imputación de Paz, por no referirse las instrucciones de Varela a la independencia de la Mesopotamia. Pero nada tenían que decir estas instrucciones del gobierno de Montevideo sobre un asunto que le era ajeno. Por otra parte, la imputación de Paz no puede asombrar a quien conozca la política de esos años: la independencia de la Mesopotamia era un viejo propósito acariciado por quienes buscaban fragmentar en mayores porciones al antiguo virreinato. Lo quisieron Inglaterra y Francia en 1845; lo quiso Brasil en 1851. No lo pudieron cumplir los primeros por la enérgica repulsa de Rosas; no lo pudo hacer el último por la oposición inglesa a crearse una republiqueta en beneficio de Brasil. En beneficio suyo -como en 1845 y 1846- era otra cosa. Urquiza no fue ajeno a ambas propósitos de desmembrar la Argentina. Volviendo a Varela. Pese a la radical expresión de la Historia de la Academia "La acusación de desmembrar la mesopotamia hecha a Varela -no tenía más falta que la de ser equivocada-. Si llega a formularse nuevamente deberá ser calificada de infundada" VII, 2º sc., p.265), lo cierto es que Varela, Carril y la mayor parte de los unitarios y aún el mismo Urquiza querían desmembrar la Mesopotamia. La prueba documental es terminante y decisiva. En realidad, poco importa lo que dijera o pretendiera Florencio Varela. La desmembración de la Mesopotamia no hubiera sido lo más lamentablemente deplorable de su triste misión. Quién tenía instrucciones para ofrecer la tutela permanente de Inglaterra en el Plata, importa poco que hubiera querido dividir administrativamente a su patria en dos o catorce porciones.

Ganancias y evasión

Por Alfredo Zaiat - http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-157221-2010-11-20.html

Uno de los caminos predilectos del discurso dominante para preservar sus privilegios es destacar la necesidad del diálogo y el consenso. Recomienda entonces la tolerancia y la convivencia democrática. Como ejercen y son el poder se trata de una relación asimétrica que busca adormecer el conflicto que puede afectar sus intereses. La idea de tolerancia para el establishment debilita las diferencias discursivas y enmascara las desigualdades. 
Cuanto más fragmentado se presenta el cuadro político y social, más resuena esa palabra, porque así el poderoso retiene su espacio de control, logrando la aceptación del sometido en aras del objetivo de la tolerancia. 
Esta es una exigencia, una imposición del ganador sobre el perdedor. Diálogo, consenso y tolerancia integran el glosario previsible de las entidades empresarias, reiterado en varios comunicados a lo largo de los últimos años. 
Se volvió a exponer en la reunión anual de la Unión Industrial Argentina que culminó ayer. En esta oportunidad, esa convocatoria a la convivencia quedó descolocada ante el desprecio expuesto por las principales cámaras empresarias para el intercambio de opiniones en la Comisión de Legislación Laboral de Diputados sobre el proyecto de distribución de utilidades entre los trabajadores. Ese desaire dejó en evidencia el sentido de esas palabras fetiche para el establishment. El consenso sólo sirve si es para aprobar iniciativas que resguardan sus beneficios. Cualquier alternativa es conflicto, autoritarismo, que no merece considerarse.
El comando en jefe de las agrupaciones corporativas denominado G-6 coordinó el faltazo a la sesión de esa comisión, postergada por quince días por un pedido de la UIA. Esa decisión expresa el doble estándar del discurso empresario. También la complejidad que emerge cuando se plantean iniciativas que apuntan a mejorar la distribución del ingreso. Desde el estallido del conflicto por la resolución que fijaba derechos de exportación móviles a cuatro cultivos clave, el debate sobre el reparto de la riqueza adquirió mayor presencia en el espacio público. Esa intensidad se reflejó en que hasta grupos políticos y mediáticos conservadores incluyeron ese tema en sus declaraciones. Cuando llega el momento de discutirlo termina revelándose si era por convicción o por simple especulación, pretendiendo ganar el espacio público con la meta de neutralizarlo. Esto último ha quedado al descubierto en más de una ocasión en los últimos dos años:
- La extraordinaria movilización para derrotar la resolución 125 de retenciones móviles que, además del efecto fiscal, cambiario y sectorial, redistribuía ingresos.
- La resistencia a aumentar salarios por encima del IPC en paritarias, negociación que avanza mejorando las condiciones materiales de los trabajadores por la recuperación del poder sindical y la intervención del Estado a través del Ministerio de Trabajo a favor de la contraparte más débil.
- La reacción crítica al proyecto para limitar la estrategia de tercerización de tareas, modalidad que permite a las empresas bajar costos definiendo condiciones precarias de empleo y de salarios diferenciales a la baja.
- El alza de precios, que erosiona el poder adquisitivo. De ese modo, compañías con posición dominante pueden mantener y hasta aumentar sus ya importantes tasas de ganancias. En el debate actual sobre la inflación es significativa la debilidad conceptual de gran parte de los economistas para abordar la puja distributiva. La mayoría no la considera relevante en sus análisis, y cuando lo hace es para desestimarla. Eso mismo se observa en la red de blogs de economía. Esa ausencia expone en forma destemplada la peculiar formación académica que desprecia los rasgos estructurales de la economía para explicar determinados fenómenos, como las tensiones de precios.
- El boicot al proyecto de repartir utilidades entre trabajadores
La distribución progresiva del ingreso no se logra con una única medida, mágica, ordenadora de las fuerzas sociales. Es una pugna constante que se traduce en diversos conflictos, situación bastante alejada del concepto de tolerancia prevaleciente en el sentido común. El reparto de utilidades sería un avance, aunque sea sólo para los trabajadores registrados. Si bien aún persiste un elevado empleo en negro del 35 por ciento de la fuerza laboral y un tasa de des y subocupación total del 15 por ciento de la población económicamente activa, esa iniciativa genera un relevante marco institucional en el mercado de trabajo. A medida que sigan mejorando las condiciones laborales al incorporarse trabajadores al mercado y a la formalidad, ese proceso se concretaría desde un piso más sólido de derechos para consolidar una distribución progresiva del ingreso. Guillermo Wierzba lo explicó en un reciente artículo publicado en el suplemento económico de Página/12, Cash, el 24 de octubre pasado: la distribución de utilidades se “la reconoce como un derecho, siendo el trabajo fuente de la riqueza y garantizando la equidad entre la remuneración de los asalariados y los bienes producidos. El objetivo es reducir las brechas entre el sueldo percibido por el trabajador y la riqueza generada por el mismo. Sintéticamente: resulta un instrumento de redistribución de la riqueza”.
La resistencia empresaria no se origina solamente para preservar sus abultadas ganancias. Existen variados antecedentes internacionales de planes de distribución de utilidades. También en el Cash, en la edición del domingo pasado, se informó de un documento de la OCDE que señala que en 79 países rige algún tipo de legislación acerca del reparto de utilidades con los trabajadores. Entre ellos, Estados Unidos, Japón, Inglaterra, Francia, Alemania, Canadá, Brasil y Chile. Existen varios tipos de regímenes: obligatorios, voluntarios con estímulos fiscales; pagaderos en efectivo o en acciones de la empresa; con distribuciones anuales, semestrales o mensuales. Y en muchos casos con diferencias por sector productivo. Ese estudio de la OCDE precisa que la mayor parte de las empresas que otorgan este beneficio recuperan el dinero repartido mediante fuertes aumentos de la productividad, como resultado del incentivo que reciben los trabajadores.
La férrea oposición del establishment, que derivó en la ausencia deliberada del G-6 de una convocatoria realizada en un ámbito de la democracia, plantea entonces otra cuestión a la vinculada con repartir ganancias. Esa iniciativa las obligaría a exhibir sus balances con el riesgo de que se descubra la colaboración del contador en la materia dibujo. El economista Jorge Gaggero explica que un motivo básico para entender esa oposición se encuentra en la elevada evasión en el pago del Impuesto a las Ganancias por parte de las empresas. El especialista hace referencia al estudio de los economistas Juan Carlos Gómez Sabaini y Darío Rossignolo, asesores del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que revela que en Argentina la tasa de evasión del Impuesto a las Ganancias alcanza el 49,7 por ciento. “Por cada peso que pagan, evaden uno”, reafirmó Gaggero, quien señaló que si los trabajadores participaran de las ganancias de las empresas revisarían los balances para determinar el beneficio, y así evitarían que se alteren los resultados reales. “Los trabajadores serían socios del fisco en el control de la evasión. Esto es una de las derivaciones económicas más relevante de ese proyecto”, asegura. Gaggero sostiene que esa revisión de los trabajadores es muy importante porque el monto involucrado (la evasión de Ganancias) es mucho más elevado que lo que tienen que ceder a los trabajadores. Por eso presentan tan firme batalla. No tanto por repartir una suma extra a sus empleados, sino porque estarían compelidos a exteriorizar un balance sin una planificación fiscal nociva.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Los públicos desinformados y sumisos

Alberto Maldonado S.* - http://www.surysur.net/?q=node/15134

Desde hace décadas, los académicos de la Universidad de Sonoma (California) vienen publicando, anualmente El Proyecto Censurado, un registro de los asuntos significativos (muy significativos, muchos de ellos) que la gran prensa norteamericana (impresa, radial, televisiva, digital) no difunde para los y las perceptores/as USA. ¿Resultado? Que el gran público estadounidense ni siquiera se entera de muchos sucesos internos y externos.

En otras palabras: el público USA, a pesar de contar con tecnología de punta en materia comunicacional, es, sin embargo, un una opinión desinfornada.

Cada año, la publicación en referencia registra por lo menos 25 noticias de interés mundial que no llegaron a sus perceptores en la tierra que, desde hace décadas, se precia de ser muy democrática y muy respetuosa de la libertad de expresión. Por ejemplo, no se le informó debidamente las razones esgrimidas por el militarismo imperial y por el Presidente Bush para la agresión bestial y genocida contra Irak. Para el norteamericano medio, esa fue una “guerra” patriótica que los soldados USA “debían” cumplir contra el supuesto agresor de las torres gemelas; y que se proponía, además, destruir EE.UU. con unos misteriosos artefactos de “destrucción masiva”.

Todo el mundo sabe (menos los norteamericanos) que “el malvado” Hussein jamás tuvo nada que ver ni con los talibanes ni, peor, con el ataque a las torres gemelas; y que tampoco las fuerzas invasoras encontraron por lo menos algo que se parezca a las armas de destrucción masiva, tan manoseadas por Bush y Cia. (Blair, Aznar). Nunca el público norteamericano fue informado por los “líderes de la libertad de expresión” que, en cerca de ocho años de invasión-ocupación,  fueron asesinados más de un millón de civiles iraquíes (entre mujeres, niños, niñas, ancianos, ancianas, etc.) y que los invasores sufrieron bajas por cerca de  5.000 soldados.

Tampoco el público USA fue informado que gran parte de las tropas invasoras (que fueron armadas y equipadas con lo último del armamentismo imperial) fueron mercenarios contratados por el imperio en plazas del tercer mundo (América Latina) para que vayan a “salvar a los Estados Unidos” del peligro de las armas de destrucción masiva, a pesar de que ese fue un cuento (una mentira) que el imperio y los imperitos echaron a rodar, para justificar su invasión.

Y que la famosa “guerra” le va costando a USA, cerca de 700.000 millones de dólares. Si nosotros advertimos que el presupuesto nacional del Ecuador, previsto para el 2011, es algo más de 24 mil millones de dólares, entonces podremos hacer un cálculo muy aproximado de cuánto le cuesta al contribuyente norteamericano una agresión genocida,  de la que el señor Bush reconoce que no tenía información confiable; pero que, de todas maneras, “tenía que ordenar” semejante acción.

Es tal la desinformación que reina en el país de la “democracia y la libertad” que el mismo Proyecto Censurado se ha visto en la necesidad de aumentar a 50 o más el número de casos concretos sobre los cuales la gran prensa USA o no informa o informa muy poco y mal.

Por ejemplo, para la opinión pública norteamericana, Hugo Chávez Frías es un “dictador” de Venezuela que anda pregonando un “socialismo siglo 21” a pesar de que este líder y su partido han ganado 10 elecciones, en el más puro sistema de la democracia representativa. En cambio, la gran prensa USA no dijo nada cuando se dio el fraude más escandaloso (especialmente en La Florida) en la primera elección del señor George Bush hijo.. Tampoco cuestionaron su elección a pesar de que este señor fue elegido nada menos que Presidente de la primera y más descomunal potencia, con apenas un 22. % de los votos posibles.

Por supuesto, la desprestigiada SIP (Sociedad Interamericana de Prensa) jamás ha dicho nada respecto de esta forma de negarle a todo un país el derecho elemental a una información oportuna y veraz. Y eso que los medios sipianos norteamericanos tienen amplísima mayoría en sus asambleas interanuales. Para ellos, los únicos que cometen “crímenes” contra la libertad de expresión o por lo menos “son un riesgo”, son los países del tercer mundo, en especial los de América Latina; y muy especialmente los que pintan progresistas.

Y no hay que olvidar tampoco que la gran prensa USA (escrita, televisiva, radial y digital) está regida por 10 grandes trust que, en Estados Unidos y buena parte del mundo, han impuesto una línea matriz que se orienta a esa ignorancia. Los grandes medios latinoamericanos (excepto Cuba, algo Venezuela, Bolivia) siguen por el mismo camino. Por algo, Pérez Esquivel (el nobel de la paz argentino) escribió hace muy poco un ensayo sobre “la información contaminada”

La sociedad sumisa

A esta situación hay que agregar otra: desde hace rato, la orientación mediática en nuestros países es hacia lo que un escritor español lo calificó de la “sociedad sumisa” ¿Qué buscan los medios, con su discurso mediático, con sus titulares escandalosos, con su programación basura, con sus “reality shows” y sus programas radiales obscenos y escandalosos? Pues, eso, una sociedad sumisa.

En forma persistente, todos los días, a toda hora, nos repiten que la democracia está en peligro, que la libertad de expresión está en peligro, que Chávez (Hugo) es un dictador, que el socialismo es un sistema trasnochado y fracasado, que hay que ir a la flexibilización laboral, que Evo Morales ha dictado una ley contra la libertad de expresión, que la “ley de medios” (de comunicación) que tramita la Asamblea Nacional es ya (antes de ser ley) un atentado contra la libertad y la democracia; y un largo y sostenido etcétera.

La sociedad sumisa piensa y acepta que “así debe ser” y, si no tiene algún tipo de mensaje que por lo menos le diga que tales afirmaciones no son así, pues tiende a aceptar el discurso mediático, en toda su dimensión.
No vayamos fuera de los linderos patrios para precisar un ejemplo de lo que busca la gran prensa sipiana. Para muchos –y de acuerdo a una y mil evidencias- el jueves 30 de septiembre del 2010 (que ha quedado reducido a un simple 30-S) comenzó como un golpe de estado perfectamente coordinado entre distintos actores, a nivel nacional. Pero, el objetivo final del complot policial, militar, mediático, político, en la medida en que los actores políticos fueron “haciendo mutis por el foro” fue diluyéndose hasta que dejaron a los policías sueltos, a su suerte.

Sin embargo, desde ese mismo día, determinados sectores de oposición y los principales medios sipianos del país y del exterior, comenzaron a sostener que se había tratado de una rebelión policial, que el Presidente había cometido “una imprudencia” por haber ido a la “boca del lobo” a desafiar a los alzados en armas. Como si hubiesen previsto un “Plan B” si les fallaba el Plan A, desde la oposición y, muy especialmente en los medios sipianos y algunos asambleistas, comenzaron a hablar de una amnistía general para todos los sublevados; que lo sucedido el 30-S no había sido un golpe de estado sino un reclamo gremial de los policías, que el impertinente había sido el Presidente Correa y que “todos respetaban” la democracia y el orden constituido.

Y si bien existe un amplio margen nacional de condena a este 30-S como un acto bochornoso y de intento de golpe de estado y de magnicidio (asesinato del Presidente) no es menos verdad que hay mucha gente (de buena y de mala fe) que cree que en realidad Correa exageró al irse al cuartel sublevado, que nadie atentó contra su vida, que el pobrecito coronel que las oficiaba de director del hospital es “una víctima” de la rabia oficial; y que lo único que hubo fue una reclamo gremial de los policías. Nos quieren hacer creer que lo que vimos y oímos los y las ecuatorianas, ese día, hasta avanzada la noche, en vivo y en directo, ha sido “pura ciencia ficción” como una de esas seriales policiales a los que nos tiene acostumbrados el cine y el video casero, precisamente de Estados Unidos.

Hasta hace un par de décadas, se oía con bastante frecuencia, inclusive a personas que se las suponía críticas y desconfiadas, afirmar tal o cual cosa “porque El Comercio lo dice” Después, el auto de fe pasó a la televisión: Yo he visto en tal canal tal cosa ”y por lo tanto debe ser verdadera”. Y esa confiabilidad fue suficiente para que en este medio comunicacional (la tv.) se llegue a afirmar que “si no está en la televisión no existe”

Pero, los tiempos cambian y cambian las opiniones. Seguramente, no  pocos perceptores se han dado cuenta que los medios masivos de comunicación utilizan mucho sus espacios para mentir, distorsionar, manipular, no solamente la opinión sino la información que se la suponía objetiva, veraz y oportuna. Pero, en estos tiempos, la gran prensa sipiana ha tomado la vanguardia del sistema neoliberal y está dispuesta a jugarse su presente y su futuro en esta guerra.

Solo que los pueblos también evolucionan, pierden miedos, se dan cuenta de muchas falacias que quieren meterle como si fueran verdades bíblicas. Y estas, ni tan siquiera para el Papa son absolutas. Hace rato que el Papa renunció a ser infalible. Y los medios sipianos van perdiendo terreno en este asunto que se llama credibilidad.
Insisto: frente a tales arremetidas, lo único que se impone es respuestas; y respuestas que no dejen lugar a la duda. 

En Ecuador, algo de esto está sucediendo en lo que se ha dado en llamar la “prensa pública” (escrita, radial y televisada) Pero, por los mensajes que transmiten y por la posición que asumen, podemos decir, sin temor a equivocarnos, que en nuestro país, aun la verdadera prensa pública está bastante lejos de lo que debería ser.

Es que la gran prensa mercantil tiene “otra verdad” contra ella. Y lo dicen muy sueltos de huesos: que la prensa pública debe ser de todos y que el gobierno no debe tener prioridades. Que solo ellos tienen la verdad y la libertad de expresión para decir lo que les parezca.

* Periodista.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

La desigualdad del ingreso en América Latina

César Prieto Oberto* - http://www.aporrea.org/internacionales/a112372.html


El Informe 2010 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), ubica a Venezuela, en el renglón del Coeficiente de Gini de Ingresos, como el país menos desigual de América Latina, con 43,4. En la región del Caribe, sin embargo, países anglófonos como Trinidad y Tobago, y Suriname, con 40,3 y 43,2, respectivamente, tienen mejores coeficientes. El mismo Informe ratifica, a la vez, que América Latina continúa siendo la región más desigual del planeta.

¿Por qué interesa a los investigadores sociales y en menor medida a los políticos el asunto de la desigualdad? Dejemos en claro que el PNUD también cuantifica y evalúa otros índices, como: el Índice de esperanza de vida al nacer ajustado por la desigualdad; el Índice de educación ajustado por la desigualdad; el Índice de ingresos ajustado por la desigualdad; y el Índice de Desarrollo Humano (IDH) ajustado por la desigualdad. Estos son estudios de muy reciente data que acaban de ser incorporados, por primera vez, al Informe Anual del PNUD.

Y para responder a la pregunta, leamos lo que afirma el economista argentino Julio C. Gambino, profesor de Economía Política en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario e integrante del Comité Directivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), entre otros meritorios cargos: “La economía estadounidense o europea muestran señales de crisis, con un crecimiento muy importante de la desigualdad. En la región latinoamericana, según la CEPAL, los impactos macroeconómicos de la crisis mundial fueron menores que en los países capitalistas desarrollados, sin embargo existe un incremento absoluto de la desigualdad. Lo que pretendemos señalar es que más allá de la crisis, lo que crece en el mundo es la desigualdad”.

Por supuesto que esta afirmación, muy respetable por ser la de un científico social, no toca a Venezuela, que ha mejorado en este aspecto varios escalones, al considerar que el promedio de 24 de los países de Latinoamérica y el Caribe promedian en el Coeficiente ajustado de ingresos de Gini 48,9, mientras que los países considerados más potentes de la región presentan los siguientes índices de desigualdad: Brasil 55,0; Chile 52,0; México 51,6 y Argentina 48,8. Otros países acusan desigualdades más acusadas que las de Venezuela, como: Colombia 58,5; Panamá, 54,9; Ecuador 54,4; Perú 50,5; Costa Rica 48,9 y Uruguay 47,1.

Estamos, sin embargo, muy lejos de los países considerados de DH muy alto. 16 de los países de Europa Occidental promedian el Índice de Ingresos de Gini en 29,1, al mismo tiempo que los cuatro países escandinavos: Noruega, Suecia, Finlandia y Dinamarca, promedian 25,6. Otros países, como: Japón con 24,9; República Checa con 25,8; Hungría 30,0; Polonia 34,9, estos tres pertenecientes a la extinta Unión Soviética, y República de Corea 31,6, figuran en posición destacada. Canadá, con 32,6, y EE.UU. con 40,8, son los mejor posicionados de nuestro continente. Por su parte, el Reino Unido con 36,0; Italia 36,0 y España 34,7, son los peor posicionados en Europa.

¿Qué le trajo al mundo la recién finalizada Cumbre del G20 reunida en Seúl la semana pasada? Según el mismo J. C. Gambito y otros analistas internaconales, lo que importan son la liberalización y la valorización transnacionales. En esa reunión parecen confirmarse estas modificaciones en las cuotas nacionales de poder mundial, donde lo esencial continúa siendo la dinámica de los capitales por asegurar la liberalización de la economía, el libre movimiento de los capitales según mande el mercado.

Veremos, en consecuencia, la recurrencia de las crisis en el mundo capitalista, con el consiguiente deterioro de la economía y la profundización de las desigualdades en todo el mundo.

Y es que lo que primero toman en cuenta es la movilidad transnacional del capital, lo cual  asegura y viabiliza la acumulación del capital sin perjuicio de la pérdida de dinamismo de las potencias hegemónicas del capitalismo mundial, EEUU, Europa o Japón, y de la nueva potencialidad emergente de Brasil, Rusia, India o la China, los países llamados BRIC.

*Economista – Investigador.
cepo39@gmail.com

lunes, 15 de noviembre de 2010

La imposible independencia de los grandes medios periodísticos comerciales

Alberto Maldonado S.* - http://www.surysur.net/?q=node/15112


La pregunta sobre si son esos medios independientes es —desde hace rato— válida. Sin embargo, hay medios comerciales privados que persisten en llamarse independientes, aunque nunca dan cuenta de “independientes de qué o de quiénes”. Pero eso sí, son muy “exigentes en exigir” que los medios públicos sean independientes, en especial de los gobiernos que los financian y auspician; y hasta exigen que sean simples repetidoras de sus informaciones y opiniones.

El tema es pues muy actual y muy manido; pero, como dice la sentencia bíblica, “por sus obras los conoceréis”; y, desde hace rato, es público y notorio que los medios privados de la comunicación son en verdad independientes pero de los movimientos o gobiernos que proponen una actitud de cambios trascendentales o que afecten la sociedad de consumo (el neoliberalismo) Mientras, son cada vez más y más dependientes de sus dueños (por lo general, los poderosos empresarios privados o las grandes corporaciones) y de la inmensa torta publicitaria, que es lo que les permite vivir y enriquecerse; o por lo menos subsistir.


En realidad, esta actitud (que tampoco es nueva) tiene un larguísimo registro en nuestros países. La revolución cubana, desde hace medio siglo, ha sido la víctima preferida de esta “independencia” Desde hace una década, el gobierno “díscolo” de Hugo Chávez, en Venezuela; y, desde hace cinco, el “indio ese” de Evo Morales. Por si esto fuera poco, por ahí deambula, el “impertinente” de Daniel Ortega y, para no quedarse atrás, el “autócrata” de Rafael Correa, el presidente que de puro terco fue a meterse en la “boca del lobo” (los policías amotinados); y eso “no puede ser en un mandatario que se precie”.


Precisamente, los sucesos violentos del 30 de septiembre (el 30-S) permiten reiterar que la actitud de los medios masivos (ecuatorianos y extranjeros) es, cada vez, con más desfachatez, dependiente del sistema al que se pertenecen. Mientras son contemplativos y, sobre todo, “comprensivos”, con gobiernos cavernarios, que cometen toda clase de crímenes y atropellos (caso Uribe, en Colombia, Pinochet en Chile, la feroz dictadura militar argentina, etc.) no paran un día en eso que se ha denominado “la conspiración permanente” contra Venezuela y su revolución bolivariana; contra Bolivia y su estado plurinacional, contra Ecuador y su revolución ciudadana.


En palabras más directas, podríamos afirmar que, en nuestro continente americano (no norteamericano) las grandes redes comunicacionales (impresos, radiofónicos, televisivos y ahora digitales) son la vanguardia de la sociedad de consumo y están empeñados en una guerra permanente y sin cuartel contra todo movimiento político, social, mediático, ideológico, que pretenda irse contra el sistema impuesto (el neoliberalismo) o introducir cambios que les afecten, aunque estos sean epidérmicos o circunstanciales


Y que esta “guerra mediática” está muy engarzada con directrices y orientaciones que vienen de la SIP-CIA, de la USAID y la NED, el Coro y de los propios sectores locales, que sienten que sus privilegios están en riesgo o que tambalean sus “derechos” de poder real, en nuestros países.



A muchos de nosotros no nos quedó duda de que el 30-S (jueves 30 de septiembre/2010) se pretendió un golpe de estado contra el presidente Rafael Correa (elegido y reelegido en las urnas) El país fue testigo de que así fue; y el mundo exterior, especialmente América Latina, ese mismo día, repudió de mil maneras ese intento de ruptura constitucional. Sin embargo, la “gran prensa mediática” tanto al interior como al exterior del país, pretende hacernos creer que no hubo tal intento y que solo se trató de una reacción policial “fuera de tono” y que el “intemperante” fue el presidente Correa.


En este afán “se han distinguido” y por lo menos dan la cara unos cuantos asambleistas de la vieja derecha; en especial, uno (César Montúfar) que es algo así como el director de orquesta. Según Eva Golinger (abogada venezolana-estadounidense) este legislador más otro membrete (Fundamedios, de un tal César Ricaurte) más unos cuantos asambleistas que otrora cantaban y pregonaban su ultra izquierdismo (MPD, Pachakutik, PSP) son los actores visibles en el Ecuador de este objetivo, ya que los otros (banqueros, financistas, políticos fracasados y/o resentidos, militares y policías activos y pasivos) se mantienen, discretamente, tras bastidores, a la espera del siguiente episodio.


Para estos opositores fue y sigue siendo más preocupante un "ataque" a la libertad de expresión (de ellos), que el asediado gobierno haya decretado una cadena ininterrumpida y continua de radios y canales de televisión, que los hechos violentos que se dieron durante todo el 30-S  No pocos periodistas y políticos estaríamos de acuerdo en que la queja-denuncia de los “mediáticos” tendría algún valor si los medios privados hubieran demostrado que durante la cadena ordenada por el gobierno se manipuló, se tergiversó o se mintió a los ecuatorianos y ecuatorianas. La cadena impidió —eso es verdad— que los golpistas sigan utilizando esos espacios  para seguir azuzando el golpe de Estado en marcha, como comenzaron a hacerlo desde primeras horas de la mañana.


“Piensa mal y acertarás” dice un viejo proverbio latino; y, de acuerdo a sucesos similares que han ocurrido en nuestros países (Venezuela 2002, Bolivia 2008) los sucesos del 30-S permiten ver que en el continente latinoamericano hay una simbiosis de los sectores más retardatarios, en esos y otros sucesos. Por supuesto, quienes lo prohijan y financian, solo aparecen cuando el complot ha triunfado. Quienes pagan los platos rotos —si fracasan— son aquellos ingenuos que se lanzaron  a esta aventura, seguros de que iban a tener todo el respaldo popular, armado y  político.


De lo contrario, tendríamos que creer que, en un momento determinado, los policías (oficiales y tropa) se volvieron todos locos; y que el Presidente de la República (quien a la vez es el jefe constitucional y legal de los uniformados, armados o no) tiene que “pedirles permiso” a los golpistas, para ir a un cuartel insubordinado  Mejor irse a la casa o “resistir en el intendo” como dijo y actuó el coronel Lucio Gutiérrez, cuando le faltó alas para escapar a Brasil, en busca de asilo (abril del 2005) Y según parece, fue este coronel y sus muchachos, los primeros actores (pero encubiertos) de este fallido intento


El “Plan A” desde luego, era el golpe de estado. Hay un relato de una paciente del hospital policial quien, muy temprano en la mañana de ese día (el 30-S) relata que, desde su ventana, que da a avenida Mariana de Jesús, advirtió la presencia de cámaras de televisión y periodistas que se disponían a “cubrir” sucesos especiales (el hospital está muy cerca del Regimiento Quito No 1) aún cuando nadie sabía lo que iba a suceder, horas después.
Hay otro relato que asegura que, antes de las 8 de la mañana de ese jueves, María Augusta Calle, la asambleista de Alianza País, recibió una llamada telefónica de una conocida suya, quien le aconsejó que no fuera a la Asamblea Nacional, porque la iban a matar. No hay que olvidar que esta legisladora, hace un par de años, cuando presidía la Comisión de Soberanía de la Asamblea Constituyente de Montecristi y se proponía denunciar la terminación del período para el cual (10 años) se le concedió al militarismo imperial el uso y abuso de la estratégica Base de Manta, se pretendió demostrar (a través de las prolíficas laptos de Raúl Reyes) que esta joven periodista de izquierda estaba “relacionada” con las FARC colombianas.



El contubernio de la gran prensa sipiana y continental con los sectores más retardatarios de nuestros países se dio en Mérida (México) con ocasión de la reunión de fin de año de la famosa y desacreditada SIP (Sociedad Interamericana de Prensa) Oficiosos informadores ecuatorianos, “lograron” que este organismo advierta que en Ecuador, la libertad de expresión está en riesgo; y que el presidente Correa “ha redoblado” sus ataques a la “prensa libre” después del 30-S cuando ellos esperaban que, por lo menos, “baje el tono” en sus enlaces sabatinos.


Pero la SIP ya está plenamente identificada como “un gran sindicato patronal” de medios comunicacionales del continente; un organismo que fue organizado por la CIA directamente (a través de su oficial “encubierto” Jules Dubois) hará medio siglo atrás. Hace décadas, esta SIP protestaba también o “mostraba su preocupación” por el asesinato de periodistas o su persecución. Pero, desde hace unos de 30 años, que la SIP solo se preocupa de sus “miembros plenos” los grandes medios comunicacionales y de los “periodistas pelucones” que están a su servicio y mientras les sean útiles (cuando dejan de serlo, pues sencillamente les echan al canasto de la basura sin siquiera reconocerles una buena indemnización).


Por eso decimos y aseguramos que todo este aparataje, contrario a cualquier cambio (así sea epidérmico) es un concierto continental que viene del norte “salvaje y brutal” y que está siendo operado por sectores ultristas, cuya vanguardia es y seguirá siendo la “gran prensa sipiana”


Manuel Zelaya, de Honduras, fue la primera víctima de este complot. Tanto es así que para los sipianos reunidos en Mérica, no significa mayor preocupación el que ya el gobierno espúreo que crearon al apuro, lleve diez periodistas asesinados o desaparecidos. Tuvieron que incluirle a México, a regañadientes, pero endosándole la culpa al narcotráfico y sin tocar siquiera a EE.UU. el principal mercado de drogas en el mundo.


Desde luego, en la “lista negra” aparece una vez más Cuba, seguida por Venezuela. Atrás vamos Bolivia y Ecuador. ¿Quién será el próximo? Los golpistas ecuatorianos “auguran” que será Correa si sigue acusándolos y si no baja el tono. ¿Será?

* Periodista.

domingo, 14 de noviembre de 2010

El 17 de octubre de Cristina Fernández

Por Aritz Recalde - http://www.prensamercosur.com.ar/apm/nota_completa.php?idnota=4883
La masiva movilización de despedida de Néstor Carlos Kirchner lejos de ser un homenaje a la muerte, fue una clara demostración de su vitalidad política. El desfile popular que saludó los restos en el Salón de los Patriotas Latinoamericanos y la inmensa procesión que cubrió las calles, reconocieron y ratificaron las acciones de un dirigente que marcó una etapa trascendente de la nueva Argentina. 

La movilización pública, de manera similar al 17 de octubre del año 1945, fue una ratificación de los rasgos centrales del modelo de país. En 1945 los argentinos revalidaron el modelo industrial iniciado en el año 1943 que dejó atrás el proyecto liberal oligárquico. En la despedida del 28 de octubre de 2010, el pueblo ratificó el proyecto productivo inaugurado en 2003, que echó por tierra al neoliberalismo financiero y ello se expresó en la participación de los trabadores de la Confederación General del Trabajo (CGT) o de las cooperativas.

Aquel 17 de octubre, las masas dejaron atrás el proyecto de la oligarquía reflejado en los dirigentes empresarios y en los partidos demoliberales. La movilización de este 28 de octubre repudió a la oligarquía y lo expresó claramente al denunciar a su figura emblemática: se pronunció un fuerte repudió al vicepresidente opositor, Julio Cleto Cobos, que es el símbolo de la traición política y de la resolución 125 –medida a la cual asestó el tiro de gracia y que suponía regular las retenciones a la agro exportación para derivar esos fondos a obras y servicios públicos-.

El pueblo en el año 1945 rechazó al imperialismo norteamericano encarnado en la figura del embajador Braden. Los participantes del homenaje a Kirchner reivindicaron las críticas de Néstor al FMI y su defensa a los programas populares latinoamericanos asediados por la CIA, como fueron los casos de Bolivia y Ecuador.

El 17 de octubre los trabajadores defendieron las leyes sociales, la baja de alquileres y el conjunto de las acciones de la Secretaria de Trabajo y Previsión. La última caravana humana que despidió al ex mandatario, se conformó de miles de trabajadores sindicalizados, de organizaciones sociales o de jubilados que reconocieron la importancia de la medidas como las 800 mil viviendas construidas por el Plan Federal, los 3,5 millones de subsidios de la asignación universal, la entrega de más de 2 millones de jubilaciones o las importantes reducciones alcanzadas en los índices de la pobreza, el desempleo y la indigencia.

Como en el año 1945, una parte importante de la sociedad ratificó el camino iniciado y está dispuesto a profundizar el modelo. Entre ellos, se encuentra un fragmento considerable de la juventud que reconoció en Néstor la posibilidad de volver a creer en la política, manifestando su admiración por las acciones antiimperialistas ejecutadas contra el ALCA o por aquellas ligadas al freno que se puso a los golpes de Estado en el continente.

La juventud, e importantes sectores de clase media, se identifican en la sanción de la Ley de Servicios Audiovisuales, en la política de Derechos Humanos, en la inversión histórica en ciencia y técnica, en la democratización de la televisación del deporte nacional o en la valiosa propuesta cultural del Sistema de Medios Públicos en canales como ENCUENTRO o en programas como 678.

El respaldo popular dado a Cristina permitió romper el bloqueo y la feroz campaña mediática contra el gobierno ejecutada por los monopolios. A partir de aquí, quedó demostrado que Néstor no era “tan malo” como estableció Clarín y que Cristina tenía mejor opinión pública que aquella supuesta condición de ser una “soberbia que compra carteras”.

La manifestación consiguió mejorar la performance electoral de cara al 2011 y pone a Cristina como candidata indiscutible del espacio del oficialismo. El homenaje permitió -al menos por ahora- disciplinar a algunos sectores díscolos del kirchnerismo que venían ejecutando acciones divisorias para ocupar candidaturas. En dicho cuadro, el gobierno dispone del apoyo explicito de la CGT que liga directamente su viabilidad histórica al modelo económico y político abierto en 2003. Si el proyecto triunfa crecerá la industria y a partir de allí, aumentarían los afiliados y el poder de los sindicatos. Caso distinto es la clase política y el Partido Justicialista, cuya dirigencia, en muchos casos y no en todos, apuesta a su juego propio a sabiendas de que no depende en el corto plazo del modelo.

El desafío que tiene que franquear el oficialismo va a ser el de garantizar la unidad política de un frente de gobierno que contiene a empresarios, a trabajadores, a sindicalistas, a gobernadores, a intendentes y a sectores medios. Dicha tarea implica promover nuevas figuras capaces de articular la heterogeneidad y de conducir el Partido y la política de alianzas para las internas simultaneas y obligatorias del año entrante. El triunfo electoral del 2011 y el correcto y necesario trasvasamiento generacional del proyecto, van a depender de la solidificación de la herramienta política.

Frente al espacio oficialista la oposición mediática va a jugar una guerra a todo o nada por la no aplicación de la Ley de Servicios Audiovisuales. Los grupos concentrados del campo se encuentran divididos, con buenos precios internacionales y con economía en crecimiento, cuestión que no permitiría repetir lo ocurrido en 2009. En este último año consiguieron convencer a la opinión pública de que fue la resolución 125 y no la crisis mundial o la sequía, las causantes de la recesión y de la caída de la actividad económica.

El capital financiero va a oponerse a la reforma de la legislación que impulsa el gobierno nacional por intermedio de Carlos Heller. Lo mismo va a ocurrir con el trascendente proyecto de distribuir ganancias de las grandes empresas –motorizado por la CGT-, que va a tener en los grupos concentrados un fuerte rechazo. La posibilidad de reformar la Carta Orgánica del Banco Central como viene proponiendo el oficialismo, va a correr igual suerte. En este cuadro, no deben descartarse que se repitan acciones desestabilizadoras al estilo del asesinado del militante Mariano Ferreira, del fomento de inflación o de la aplicación de operaciones psicológicas constantes desde los medios.


* El autor es sociólogo y director de posgrado de la Universidad Nacional de Lanús, columnista especial de APM.