viernes, 29 de julio de 2011

Chile: democracia vs dictadura

Alejandro Kirk - http://www.telesurtv.net/secciones/opinion/index.php?ckl=95787

Debe haber medios de comunicaci�n profesionales de calidad, que investiguen y denuncien sin afanes de neutralismo o imparcialidad, pero tambi�n sin concesiones a la propaganda y a la ''opinolog�a'' pol�tica.

Es sintom�tico que el canal privado chileno Chilevisi�n (propiedad del conglomerado estadounidense Time-Warner) haya realizado un reportaje sobre la violencia en las manifestaciones, sin culpar autom�ticamente a los manifestantes "violentistas".

Es sintom�tico que la base probatoria inicial -y las m�s fuerte de todas las que presenta- de ese reportaje hayan sido im�genes de TeleSUR, de hace un a�o, en que quedaba en evidencia c�mo la polic�a se infiltra en las manifestaciones y provoca des�rdenes, incluso con un joven subteniente violentamente detenido. Es muy posible que este vistoso arresto tuviese el prop�sito de construir sobre �l una "leyenda" para legitimarse ante ante los grupos de estudiantes que se consideran a s� mismos anarquistas (y que confunden -seg�n la pauta de la propaganda derechista- el anarquismo con la violencia callejera).

�Por qu� hace un a�o la nota de TeleSUR -primera documentaci�n televisiva- no gener� reacci�n interna alguna y ahora los infiltrados son tema? Por "los porfiados hechos" que machacaba Lenin: ahora algunos de los gerentes de los medios televisivos al parecer se est�n dando cuenta de que est�n llegando al l�mite de la credibilidad -si no lo pasaron ya- y que conviene adaptarse.

Chile vive momentos dram�ticos muy dif�ciles de apreciar, diagnosticar o catalogar, y mucho menos anticipar su desenlace. Lo que ocurre hasta ahora permite, sin embargo, prever que hay una oportunidad �nica, al menos desde 1987, de abrir paso a una transici�n democr�tica. La opci�n no es por m�s democracia, sino entre democracia y dictadura. Nada menos.

Y por ello, las circunstancias est�n dadas para el surgimiento (o reforzamiento) de potentes medios de comunicaci�n revolucionarios -hay que perderle el miedo a la palabrita- que hagan converger el enorme caudal de informaci�n que circula por las redes digitales, y les d� no s�lo el cauce pol�tico y de movilizaci�n necesarios, sino que logren hegemonizar la agenda informativa y acorralar a las fuerzas del sistema: la ultraderecha en el Gobierno y la derecha moderada que representa la Concertaci�n.

Ambos grupos est�n maniobrando desesperadamente para buscar una soluci�n sist�mica a la crisis institucional, principalmente a trav�s de iniciativas de reformas que a esta altura son timoratas y tard�as. D�a a d�a, para los chilenos y chilenas se convierte en verdad incontestable, por encima del miedo y el fatalismo entronizados en la cultura nacional, que lo �nico que se puede hacer es cambiar la Constituci�n entera, y que esto s�lo es posible mediante una Asamblea Constituyente.

A esa perspectiva le tiene p�nico la inmensa mayor�a de quienes han dirigido el pa�s desde 1973, desde Pinochet a Pi�era. Y este p�nico es peligroso para el pueblo, porque lo experimentan virtualmente todos quienes detentan poder en el pa�s: empresarios, jueces, fiscales, militares, parlamentarios, concejales, sindicalistas, partidos y hasta algunas ONG. Casi todos ellos est�n de alguna manera conjurados para que se cambie algo, incluso la Constituci�n, pero sin participaci�n popular.

El peligro lo estamos viendo en la represi�n. Tanto aquella abierta, terrorista, destinada al amedrentamiento, como la cerrada, que nos pone a todos y todas en situaci�n de riesgo. Hay inmensos sistemas de espionaje, inmensos recursos humanos, t�cnicos y financieros destinados a preservar el status-quo y cualquiera de nosotros es v�ctima potencial de acusaciones inveros�miles, arrestos, montajes e incluso de violencia f�sica selectiva.

Debe haber por tanto medios de comunicaci�n profesionales de calidad, que investiguen y denuncien sin afanes de neutralismo o imparcialidad, pero tambi�n sin concesiones a la propaganda y a la "opinolog�a" pol�tica. Ya los hay, pero son aun marginales y d�biles. Para ello hay recursos, aunque todav�a dispersos. De la Concertaci�n y de la propia derecha ya hay gente que se est� desgajando del racimo, sea por oportunismo o por haber descubierto en qu� estaban metidos.

Tales medios deben ayudar a forzar a los medios tradicionales a un acercamiento m�s objetivo a la realidad. En eso consiste la hegemon�a noticiosa: qui�n fija la pauta. Es muy dif�cil, porque esos medios dependen de la publicidad, que est� en manos de los grupos econ�micos, totalmente ideologizados y decididos a todo para mantener un orden social que les garantiza tasas de lucro impensables en otras partes del mundo.

Prueba de lo anterior es que el tema de los infiltrados no gener� esc�ndalos: fue silenciado inmediatamente. Y es que los "violentistas" -que generan terror a la represi�n- son pr�cticamente la �nica arma que les queda para evitar que el pueblo se apropie de la calle, donde a final de cuentas se deciden las cosas. El sistema se est� atrincherando y planifica sus golpes: basta ver los titulares de los dos diarios principales, La Tercera y El Mercurio, id�nticos al tiempo dictatorial.

Una acci�n efectiva en el �rea comunicacional puede a su vez servir en algo para prevenir el riesgo real de una escalada represiva que lleve a situaciones similares a la dictadura, algunas de las cuales ya comenzaron, y que pueden terminar con muertos y heridos. El Gobierno parece determinado a evitar muertes -no se han esgrimido hasta ahora armas de fuego- pero las provocaciones policiales, fuerzas que tal vez se mueven con impulsos propios, han conducido muchas veces a los carabineros a situaciones l�mite, totalmente innecesarias, en que sus vidas est�n en peligro.


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