




Susan George - http://www.tni.org/es/article/deuda-austeridad-y-devastacion
Al igual que la peste en el siglo XIV, el azote de la deuda ha ido migrando paulatinamente del Sur al Norte. La Yersinia pestis del siglo XXI no se propaga a través de las ratas infestadas de pulgas, sino del letal fundamentalismo neoliberal, infestado de ideología. Antes, sus adalides tenían nombres como Thatcher o Reagan; ahora suenan más bien a Merkel o Barroso. Pero el mensaje, la mentalidad y la medicina prescrita son básicamente los mismos. La devastación provocada por ambas plagas también es similar. Sin duda, se registran menos muertes relacionadas con la deuda en Europa hoy en día que en África hace tres décadas, pero seguramente se está causando un daño más permanente a lo que en su día fueron las prósperas economías europeas.
Los fieles –y más veteranos– lectores de la revista New Internationalist recordarán la temida expresión ‘ajuste estructural’. ‘Ajuste’ era el eufemismo para el paquete de recetas económicas impuestas por los ricos países acreedores del Norte a otros menos desarrollados en lo que entonces llamábamos ‘el Tercer Mundo’. Una gran parte de estos países había pedido prestado demasiado dinero para demasiados fines improductivos. A veces, los líderes se limitaban a ingresar los créditos en sus cuentas privadas (recordemos a Mobutu o Marcos) y endeudar aún más a sus países. Devolver los préstamos en pesos, reales, cedis u otras ‘monedas raras’ era inaceptable; los acreedores querían dólares, libras esterlinas y marcos alemanes.
Además, los líderes del Sur habían suscrito los préstamos a tipos de interés variable, que al principio eran bajos pero que subieron a niveles astronómicos a partir de 1981, cuando la Reserva Federal de los Estados Unidos puso fin a la era del dinero barato. Cuando países como México amenazaron con no pagar la deuda, cundió el pánico entre los ministros de Economía de los países acreedores, los grandes banqueros y los burócratas internacionales, que se pasaron unos cuantos fines de semanas sin dormir, alimentándose con comida para llevar e improvisando planes de emergencia.
Plus ça change, plus c’est la même chose.* Pasadas unas décadas, aún se suceden las reuniones de crisis, esta vez en Bruselas y, pese a algunas variaciones, la respuesta es idéntica: solo consigues un rescate si te comprometes a seguir una serie de estrictas exigencias. En su día, estas se hacían eco del neoliberal ‘consenso de Washington’; ahora se denominan, más acertadamente, ‘paquetes de austeridad’, pero ambas requieren las mismas medidas. Firme aquí, por favor, con sangre.
Para el Sur, los contratos rezaban: ‘Limiten la producción de alimentos y dedíquense a cultivos comerciales rentables. Privaticen las empresas estatales y abran actividades lucrativas a las compañías transnacionales extranjeras, sobre todo en el sector de las materias primas y las industrias extractivas, la silvicultura y la pesca. Reduzcan drásticamente el crédito, y eliminen los subsidios y las prestaciones sociales. Presenten propuestas para el pago de la salud y la educación. Economicen y obtengan divisas fuertes a través del comercio. Su principal responsabilidad es para con los acreedores, no para con su pueblo’.
Ahora llegó el turno de Europa. A los países del sur de Europa y a Irlanda no se les deja de repetir: ‘Han estado viviendo por encima de sus posibilidades. Ahora les toca pagar’. Los Gobiernos aceptan órdenes dócilmente y sus ciudadanos y ciudadanas suelen asumir que deben pagar la deuda de inmediato porque la deuda de un Estado soberano es exactamente igual que la deuda de una familia.
Pero no lo es; un Gobierno acumula deuda emitiendo bonos en los mercados financieros. Esos bonos son adquiridos fundamentalmente por inversores institucionales, como bancos, que reciben un pago anual de intereses: bajo cuando el riesgo de impago es bajo y alto cuando dicho riesgo también lo es. Es totalmente normal, deseable e incluso necesario que un país tenga una deuda que plantee cero problemas y que genere muchos beneficios si el dinero se invierte con prudencia y a largo plazo en actividades productivas como educación, salud, prestaciones sociales, infraestructuras sólidas y similares.
En efecto, cuanto mayor es el porcentaje de gasto público en el presupuesto de un Gobierno, más elevado es el nivel de vida y más empleos se crean, incluido en el sector privado. Esta norma se ha visto confirmada sin falta desde que se apuntó a la correlación entre la inversión pública y el bienestar nacional por primera vez, a fines del siglo XIX.
Lógicamente, el dinero prestado también se puede derrochar y gastar sin ton ni son, y los beneficios pueden repartirse injustamente. La gran diferencia entre el presupuesto de una familia y el de un Estado es que los Estados no desaparecen sin más, como una compañía en bancarrota. Las inversiones productivas y bien gestionadas que se financian con el dinero que toman prestado los Gobiernos deberían entenderse, en general, como algo bueno.
Los números mágicos
En 1992, los países europeos votaron ciegamente ‘sí’ al Tratado de Maastricht, que debido a la insistencia de Alemania incluía dos números mágicos: el 3 y el 60. Nunca dejes que tu déficit presupuestario supere el tres por ciento; nunca contraigas una deuda pública que supere el 60 por ciento de tu producto interior bruto (PIB).** ¿Por qué no el 2 o el 4 por ciento, o el 55 y el 65? Nadie lo sabe, salvo quizá algún vetusto burócrata que andaba por allí, pero estos números se han convertido en las Tablas de la Ley.
En 2010, dos famosos economistas anunciaron que, por encima del 90 por ciento del PIB, la deuda acarrearía problemas a un país y su PIB se contraería. Es algo que suena lógico porque el pago de los intereses se comería un porcentaje mayor del presupuesto. Sin embargo, en abril de 2013, un estudiante de doctorado norteamericano intentó replicar sus resultados y se encontró con que no podía. Usando las mismas cifras, obtenía un resultado positivo para el PIB, que aún seguiría aumentando en más de un dos por ciento al año. El tándem de economistas famosos –y ahora también avergonzados– tuvo que admitir que había sido víctima del Excel y que habían colocado mal una coma.
Incluso el Fondo Monetario Internacional ha confesado errores parecidos, esta vez sobre el tema de los recortes y las medidas de austeridad. Ahora sabemos –porque el Fondo ha sido lo bastante sincero como para explicárnoslo–, que los recortes perjudicarían al PIB dos o tres veces más de lo previsto en un principio. Europa debería tomárselo con calma, dice el FMI y no ‘conducir la economía pisando el freno’. El límite mágico del 60 por ciento del PIB en la deuda es ahora más sagrado que el límite del tres por ciento para el déficit; las políticas, sin embargo, siguen siendo las mismas, ya que los halcones neoliberales aprovechan cualquier atisbo de prueba dudosa que parezca promover su causa.
Nos enfrentamos a dos preguntas básicas. La primera sería por qué aumentó la deuda de los países europeos de forma tan pronunciada después de que estallara la crisis en 2007. En apenas cuatro años, entre 2006 y 2010, la deuda se disparó en más de un 75 por ciento en Gran Bretaña y Grecia, un 59 por ciento en España y una cifra récord del 276 por ciento en Irlanda, donde el Gobierno anunció que se haría responsable de todas las deudas de todos los bancos privados del país. El pueblo irlandés, por lo tanto, asumiría la falta de responsabilidad de los banqueros irlandeses. Gran Bretaña hizo lo mismo, aunque en menor medida. Los beneficios se privatizan y las pérdidas se socializan.
Así pues, los ciudadanos y las ciudadanas deben pagar por la austeridad, mientras que los banqueros y otros inversores que adquirieron los bonos del país o productos financieros tóxicos no aportan nada. Después de la crisis de 2007, el PIB de los países europeos cayó un promedio del cinco por ciento y los Gobiernos tuvieron que compensar. El incremento de los fracasos empresariales y el desempleo masivo significaban también más gastos para los Gobiernos justo en el momento en que estaban recaudando menos a través de los impuestos.
La nueva moralidad
El estancamiento económico sale caro. El aumento de los gastos y la bajada de los ingresos se traduce en una única respuesta: solicitar más préstamos. Rescatar a los bancos y asumir las consecuencias de la crisis que estos crearon son el principal motivo de la crisis de la deuda y, por lo tanto, de la dura austeridad que se impone hoy en día. La gente no estaba ‘viviendo por encima de sus posibilidades’, pero es evidente que el lema de la nueva moralidad es ‘castiguemos a los inocentes y recompensemos a los culpables’.
Esto no es una defensa de las políticas ineptas ni corruptas, como las que permitieron que se inflara la burbuja inmobiliaria en España o que la clase política griega contratara a un gran número de nuevos funcionarios después de cada elección. Los griegos tienen un presupuesto militar hinchado y se niegan, inexcusablemente, a gravar a los grandes magnates navieros y a la Iglesia, la mayor titular de propiedades del país. Pero si la bañera pierde agua y la pintura del salón se está cayendo, ¿qué haces? ¿Quemas toda la casa o arreglas las tuberías y vuelves a pintar?
Las consecuencias humanas de la austeridad son ineludibles y bien conocidas: los jubilados rebuscan en los contenedores de basura a mitad de mes esperando encontrar algo que llevarse a la boca; los y las jóvenes de talento y con formación de Italia, Portugal y España huyen de su país mientras la tasa de desempleo para su grupo de edad alcanza el 50 por ciento; a las familias se les impone una carga insoportable; la violencia contra las mujeres aumenta con el incremento de la pobreza y la angustia; los hospitales carecen de fármacos básicos y de personal; las escuelas y los servicios públicos se deterioran o desaparecen. A la naturaleza también se le pasa factura: no se invierte nada en revertir la crisis climática ni en poner fin a la destrucción del medio ambiente. Es demasiado caro. Como sucede con todo lo demás, ahora no nos lo podemos permitir.
Conocemos bien las repercusiones, el resultado de lo que la canciller alemana Angela Merkel denomina políticas de ‘austeridad expansionista’. Según esta teoría neoliberal, los mercados ‘se tranquilizarán’ con políticas estrictas y volverán a invertir en los países disciplinados. Pero esto no ha sucedido. Y por todo el sur de Europa están empezando a aparecer imágenes de Merkel decoradas con esvásticas.
Muchos alemanes piensan que están ayudando a Grecia y quieren dejar de hacerlo. En realidad, casi todo el dinero del rescate está siguiendo un circuito cerrado: las aportaciones de los Gobiernos de la UE realizadas a través del Mecanismo Europeo de Estabilidad se han vuelto a canalizar a través del Banco Central y los bancos privados de Grecia hacia bancos británicos, alemanes y franceses que habían adquirido eurobonos griegos para obtener un rendimiento más alto. Sería más sencillo entregar el dinero de los contribuyentes europeos directamente a los bancos, si no fuera porque los contribuyentes podrían darse cuenta del truco. ¿Por qué montar un drama psicológico en torno al dos por ciento (Grecia) o al 0,4 por ciento (Chipre) de la economía europea? Un cínico podría contestar: ‘Muy sencillo. Para asegurar la reelección de la señora Merkel en septiembre’.
La segunda pregunta básica es por qué seguimos aplicando políticas que son perjudiciales y no funcionan. Esta catástrofe de creación propia puede verse desde dos puntos de vista. Economistas laureados y de renombre como Paul Krugman o Joseph Stiglitz opinan que los líderes europeos sufren de encefalograma plano, muestran una total ignorancia en materia de economía y están abocados a un innecesario suicidio económico. Otros analistas apuntan que los recortes se ajustan perfectamente a los deseos de entidades como la Mesa Redonda Europea de Industriales y BusinessEurope: recortar salarios y prestaciones, debilitar a los sindicatos, privatizar todo lo que se ponga a tiro, etcétera. A medida que han ido aumentando las desigualdades, a las elites no les ha ido nada mal. En estos momentos, hay más ‘particulares con un elevado patrimonio neto’ y con una fortuna colectiva mucho mayor que en el punto álgido de la crisis en 2008. Hace cinco años, se contabilizan en todo el mundo 8,6 millones de particulares de este tipo, con una liquidez conjunta valorada en 39 billones de dólares estadounidenses. Hoy en día, este grupo llega a los 11 millones de personas, con activos por valor de 42 billones de dólares. Las pequeñas empresas caen en tropel, pero las grandes compañías disponen de ingentes sumas de efectivo y están sacando el mayor partido posible de los paraísos fiscales. No ven ningún motivo para dejarlo ahí.
Esta crisis no está afectando a todo el mundo y los líderes europeos no son más necios que sus homólogos en otros países. Si que están, no obstante, totalmente sometidos a los deseos de las grandes finanzas y las grandes corporaciones. Sin duda, la ideología neoliberal desempeña un papel clave en su programa, pero sirve especialmente para emitir densas cortinas de humo y falsas explicaciones y justificaciones, con el fin de que las personas crean que ‘no hay alternativa’. No es cierto: los bancos se podrían haber socializado y transformado en servicios públicos, del mismo modo que cualquier otro organismo que funciona con dinero público. Se podrían haber cerrado los paraísos fiscales, aplicado impuestos a las transacciones financieras y adoptado muchas otras medidas. Pero estas propuestas, a ojos del neoliberalismo, son una herejía (aunque 11 países de la eurozona empezarán a gravar las transacciones financieras a partir de 2014).
Soy una ferviente europea y deseo que Europa prospere, pero esto no es Europa. En contra de nuestra voluntad, se nos ha arrastrado a una guerra de clases. La única respuesta que le queda a la ciudadanía está en el conocimiento y la unidad. Lo que ha impuesto el 1 por ciento puede ser revocado por el 99 por ciento. Pero más vale que nos demos prisa: el tiempo se está agotando.
* ‘Cuanto más cambian las cosas, más permanecen igual.’
** La deuda pública es dinero que un Gobierno debe en forma de préstamos obtenidos en los mercados financieros más que mediante otras modalidades de empréstito.
Por Conrado Yasenza* - http://lateclaene.wix.com/la-tecla-ene#!editorial-nmero-59/c12tl
La verdadera amenaza que acecha al pueblo y a la clase trabajadora es la oligarquía-agroganadera y sus voceros huérfanos de estructura político-partidaria junto al poder económico-mediático, quienes proponen como panacea política el retorno al imperio del Mercado.
Luego de escuchar el discurso de Luis Etchevehere en la inauguración de la exposición agro-ganadera en la Rural, predio obtenido de modo ilegítimo por esa Sociedad, no quedan dudas acerca de cuáles son los modelos políticos que enfrentan a la sociedad, al país: El modelo económico iniciado en 1976 y completado durante el menemato, el de la liberalización del mercado, el congelamiento de la economía, el de los recortes en el gasto público – si no, su anulación -, el del despido de trabajadores, cierre de empresas y fábricas, baja de salarios, la no intervención del Estado salvo para reprimir las protestas sociales que indefectiblemente ese esquema produce, la financiarización con un rol preponderante de la banca, la reprimarización y reprivatización de la economía. Es decir, Etchevehere ha hecho explícita la propuesta política y económica del país que las minorías añoran. Y el maderamen político que se articula en torno a esta derecha mercantilista y financiera ha sentido un relativo alivio ya que el Presidente de la Sociedad Rural ha expresado lo que ellos aún no se atreven a manifestar en público. Es aquello que dijo el famoso riojano: “Si hubiera dicho lo que iba a hacer no me votaban”. Ya no simulación, lisa y llanamente, engaño, pérfida mentira. Sólo algunos políticos como Macri y De Narváez se animaron un poquito más luego de la presentación de la plataforma política de la Sociedad Rural y afirmaron que la cosecha récord alcanzada este año se debe al esfuerzo del “campo y a pesar del Gobierno”. Y esa es la síntesis: El individuo puede lograr un beneficio económico para una minoría acaudalada sin que la política, o las políticas económicas desplegadas por un Gobierno, tengan nada que ver. Pura y dura identificación ideológica con el “american dream”, aunque Obama haya dicho en uno de sus discursos que para construir carreteras, puentes, para generar las condiciones en que esos sueños pueden materializarse no basta con la acción individual sino que es gracias al esfuerzo de todos con el apoyo (a la norteamericana) del Estado.
La verdadera amenaza que acecha al pueblo y a la clase trabajadora es, entonces y sin eufemismos, la oligarquía-agroganadera-rentística y primarizadora de la economía y sus voceros huérfanos de estructura político-partidaria junto al poder económico-mediático, quienes proponen como panacea política el imperio del Mercado y para logar su hegemonía se encuentran dispuestos a dar lo que Hillary Clinton expresó, no es textual, como "golpe inteligente" a los gobiernos populares de la región.
Esa es la historia de la República: los sectores de poder real y su encono y enfrentamiento también histórico, contra gobiernos de corte popular o desarrollista; estilos políticos que han intentado, a través de políticas económicas con fuerte intervención Estatal, sumar a la producción agricola-ganadera la industrialización con la consecuente sustitución de importaciones, lo cual es dinamizar la economía y no reprimarizarla, creando verdaderas fuentes de trabajo e impulsando la puja distributiva, que no es otra cosa que un expresión de la lucha de clases pero en el marco del capitalismo desarrollista controlado por Gobiernos de corte popular y con espíritu reparador y transformador. Y este es el otro modelo de país que se enfrenta con el hasta aquí descrito. Lo conocemos – y aquellos de mayor edad ya lo han vivido – desde el 2003 en adelante. Es el modelo de país en el que un Gobierno se ha abocado a hacer lo que debe: Gobernar, ejercer el poder, que se ejerce cuando se lo disputa. Gobernar intentando la reparación y la transformación. Gobernar reindustrializando el país, recuperando las Jubilaciones para el pueblo, re-estatizando YPF, reformando la Carta Orgánica del Banco Central, propulsando medidas de inclusión social como la Asignación Universal por Hijo, la formidable inversión en Educación con la entrega de más 3.000 netbooks y la creación de Universidades Públicas en el conurbano bonaerense, además de la recuperación de la Escuela Técnica; la Ley de Matrimonio Igualitario, la de Fertilización Asistida, la frenada Ley de Medios de Comunicación Audiovisuales, las políticas de Memoria, Verdad y Justicia y podría seguir enumerando. Es decir, un Estado que Gobierna para el pueblo y enfrentando y afectando poderes e intereses reales, lo cual implica tener que afrontar conflictos y rispideces. Un gobierno con vocación de poder para lograr la necesaria transformación del país aun con todo lo que resta por realizar.
Junto a todo lo expuesto queda también mencionar los desafíos hacia el interior del Modelo Nacional y Popular. Los problemas en la balanza de pagos por importación de energía es uno de los problemas a tratar. Aquí no se realizará la crítica ramplona o simplista con que la oposición mediático-política acusa al Gobierno de reproducir una situación vivida en tiempos de Juan Perón y el contrato para la exploración y explotación de petróleo con la Stándar Oil (recomiendo leer el artículo de Rubén Liggera presente en esta edición). El crecimiento, la industrialización y el consumo requieren energía y el hallazgo de shell oil en Vaca Muerta constituye la posibilidad de superar este cuello de botella en el que nos encontramos. Para ello se necesita de la inversión, de la técnica y las maquinarias que, por ejemplo, Chevron posee. Y se sabe: Esa inversión inicial (1240 millones de dólares) es insuficiente pero de lo que se trata es de atraer a otras empresas que inviertan en exploración y explotación pero ya no bajo sus propias reglas sino bajo un programa político de inversiones que exige exploración y resultados para luego de cinco años contar la empresas inversoras con algunos beneficios que están taxativamente explicitados (el sector dispondrá libremente de divisas y un beneficio sobre la exportación del 20% de lo producido luego del quinto año siempre que la inversión supere los 1.000 millones de dólares. Decreto 929/13) Y esto supervisado por YPF en manos del Estado. Valen aquí también algunas observaciones: Es criticable la deriva del Gobierno en materia energética, la asociación con el Grupo Eskenazi, que sobre petróleo y energía poseía sólo la noción de “negocio”, así lo ha demostrado. Por otro lado, en este desafío es donde el Kirchnerismo tendrá que ajustar aquello que se denominó como sintonía fina. Será imperioso para que semejante empresa prospere.
También será necesario superar la cerrazón orgánica y no espantar a los que han apoyado este modelo pero no conforman el núcleo duro - y totalmente convencido – del Kirchnerismo. En ese sentido no ayudan las consignas dichas, escritas y leídas en estos días. Y no aportan porque básicamente expresan un simplismo arrogante. El tenor de las mismas: “Los tibios dan asco”, “a ver que dicen (a raíz del caso Milani y su defensa por parte de la Presidente en sesgado pero entendible reto al CELS y al periodista Horacio Vertbisky) los peronistas a medias o los progres peronistas” No ayudan, no. Esas consignas sólo sirven para reafirmar la moral de la “tropa” (para usar otro término consignista) convencida. Pero la política es el arte de la persuasión y estas retahílas de juvenilla ofuscada no persuaden al electorado fluctuante que se ha sentido identificado con el Kirchnerismo. El 54 por ciento es una construcción política y no una bravuconada del que enaltece la Universidad de la calle.
Y en esto, también será necesaria la sintonía fina porque, no cabe duda: El pensamiento binario es un mal endémico que afecta seriamente la capacidad de reflexión. De lo contrario este tiempo y el porvenir podrían convertirse en una suerte de interregno electoral y orgánico donde quienes apoyamos el Proyecto Nacional y Popular sin estacas ni tutores, deberemos presentar credenciales que atestigüen fidelidad. Hay tipos de inocencia que se miden en años y hay que saber escuchar los propios miedos, las propias contradicciones, los matices y pliegues del pensamiento cuando de apoyar un modelo político se trata... De lo contrario, seremos como un niño blandiendo una navaja entre sus manos sudadas.
*Periodista
Por Jorge Giles* - http://lateclaene.wix.com/la-tecla-ene#!la-oligarqua-todava-estaba-all/c165m
El sujeto social que atenta contra los intereses colectivos de la sociedad democrática sigue siendo la oligarquía local. Ser responsables en cuanto a asuntos sensibles que se manipulan por estos días, colaborar en la consolidación de la unidad popular, confiar en el único gobierno que apoyó los juicios que llevaron a la cárcel a los genocidas, también es saber elegir.
Es casi como el cuento de Augusto Monterroso: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.
Sólo que en nuestro caso habría que reemplazar el sustantivo “el dinosaurio” por el sustantivo “la oligarquía”, para comprender en su justa medida la trascendencia del mensaje de la Presidenta, Cristina Fernández de Kirchner brindando, días atrás, un informe exhaustivo sobre la propiedad de la tierra en la Argentina.
Al parecer, aquel mito construido en los últimos años acerca de la extranjerización absoluta de la tierra resultó ser apenas una operación de la propia oligarquía terrateniente y diversificada para guarecerse en estos tiempos de globalización financiera.
Veamos algunos datos.
El resultado del relevamiento de tierras rurales en manos de extranjeros indica que las mismas alcanzan al 5,93 por ciento del total de tierras cultivables. La Presidenta señaló que en ninguna de las 23 provincias se supera el límite del 15 por ciento establecido por la ley 26.737.
De tal modo que sólo 15 millones de hectáreas, ese 5,93 por ciento de las tierras rurales argentinas, están en manos extranjeras. La cifra se ubica muy por debajo del límite del 15 por ciento establecido por la ley.
Además, Cristina informó que ninguna de las 23 provincias argentinas supera el límite y que la situación sólo se registra en unas 40 de las 569 subdivisiones del país y que siente “como argentina, antes que como Presidenta, un gran orgullo de que los 40 millones de argentinos tengamos una información certera y cabal sobre cómo estamos parados frente a este recurso natural no renovable como es la tierra”.
La Presidenta también advirtió que “algunos miembros de la oposición, pensaban que era imposible constituir este registro de tierras rurales”. “Cuando la envié al Congreso, un diputado de la oposición, que era del grupo de diputados agrarios, me reclamó a viva voz desde su banca acerca de la sanción de esta ley”, recordó y afirmó que “cuando se trató la ley (aquel diputado del radicalismo) no la votó, porque su bancada tampoco la votó”.
Cristina también leyó declaraciones de otra diputada opositora (tampoco dijo su nombre) quien profetizó varias veces que “vienen por la tierra y el agua”.
Ya se imaginan de qué pitonisa estaba hablando.
“Afortunadamente estas catástrofes no se cumplieron y en el interregno recuperamos el petróleo, recuperamos YPF”, concluyó la Presidenta.
En este pasaje de su mensaje por cadena nacional, expresó que de los 257 diputados, 104 “o votaron negativamente o en su gran mayoría estuvieron ausentes cuando se trató el proyecto de ley de extranjerización de tierras”.
O sea y como dijo Cristina: “Cuando se tienen que sentar a votar en las bancas a aprobar lo que dijeron en los medios de comunicación, no están sentados en sus bancas”.
Finalizó este tramo del discurso advirtiendo que “es muy importante elegir, pero para elegir primero hay que saber”.
Creemos que es muy importante, casi vital diríamos, que en estos días que corren, los hombres y mujeres de este pueblo que somos, nos aboquemos a la tarea de difundir estas informaciones, pasarnos la posta de nuestra verdad relativa, dando el debate abierto y democrático allí donde debamos y podamos hacerlo.
Saber a ciencia cierta que el principal sujeto social que atenta contra los intereses colectivos de la sociedad democrática sigue siendo la oligarquía local, es de un valor muy profundo para cualquier análisis que se haga sobre la realidad concreta.
Eso es la mesa de enlace de la patronal rural que defienden Binner, Massa, Carrió, Solanas, De Angelis, Macri y Buzzi. Eso es el monopolio del Grupo Clarín. Eso es el diario de los Mitre, La Nación. Eso es el enemigo real de esta democracia inclusiva que irrumpió en el 2003 con Néstor Kirchner y se profundizó con Cristina desde el 2007.
Y vale mucho más este llamado al debate cuando vemos que la táctica empleada por esos enemigos de la inclusión social es la misma de siempre: crear confusión y sembrar dudas en el campo nacional y popular en otro nuevo intento de quebrar las esperanzas y la confianza en el proyecto de país que lidera y conduce la Presidenta.
Otro tanto podríamos decir respecto a la discusión entablada desde los medios respecto al acuerdo económico alcanzado por nuestra empresa YPF con la extranjera Chevrón. Se quejaban por la falta de inversiones y el presunto aislamiento internacional de la Argentina y resulta que cuando se comprueba que ello no es así, también se siguen quejando.
Ni qué hablar de la desvergüenza de aquellos medios “periodísticos” que usufructuaron del maridaje que tuvieron con la última dictadura, Papel Prensa mediante, y que hoy pretenden correr “por izquierda” al gobierno que, justamente, fundó su principal política de estado en la consigna Memoria, Verdad y Justicia.
El debate por la designación del General Milani, digámoslo de una vez, esconde en verdad el miedo a que se consolide la inserción del Ejército y las Fuerzas Armadas en este proyecto de nación. Los amigos y amigas que se identifican con el progresismo debieran ser conscientes de ello. Y conscientes de que cualquier anomalía en el legajo y en los antecedentes de Milani, como de cualquier otro funcionario del Estado, será debidamente dirimido y definido por la justicia como corresponde en un Estado de Derecho.
En este marco, la derecha nunca se equivoca. Todo lo que hace, lo hace a propósito para sembrar cizañas.
La que no puede equivocarse en sus apreciaciones es la centro-izquierda, el campo nacional y popular o como gusten en llamar al amplio sector social que apoya al gobierno.
Ser responsables en estos asuntos, colaborar en la consolidación de la unidad popular, confiar en el único gobierno que apoyó los juicios que llevaron a la cárcel a los genocidas, también es saber elegir.
*Periodista